Esta mañana he leído un artículo acerca de las previsiones turísticas del verano, España espera a nada menos que 46 millones de viajeros extranjeros según una encuesta realizada por Europapress. ¡Qué bien, pienso! Además dicho artículo precisaba que representaba una subida de 1.5% en comparación con las llegadas del año pasado. ¡Aún mejor! Al fin y al cabo, la crisis no afecta tanto ciertos sectores como otros. Acabamos de ganar la Eurocopa, el alcalde de Gdansk en Polonia agradece a los 30.000 españoles que fueron a su ciudad el mes pasado para seguir los partidos y nuestro país sigue siendo unas de las tierras más queridas por la mayoría de los europeos. Mi naturaleza optimista me abandonó cuando empecé a leer la prensa profesional?
Todos los diarios se indignan por la subida del IVA de 8 al 10% (históricamente alto en España). Los economistas afirman que como consecuencia 18.730 empleos en el sector turístico desaparecerán, que daña nuestra imagen en los países extranjeros y que además supondrá una perdida de 2000 millones de euros en el sector, 1.300 millones de euros corresponderían solo a la pérdida de divisas. En otra palabra: es una catástrofe, es cierto? La misma semana, incrementan las tasas aeroportuarias de forma retroactiva. Y ahora me pregunto donde se pararán, si entiendo, como la mayoría de los españoles, que tienen que encontrar nuevas fuentes de ingreso para proceder a los 65 millones de recortes necesarios, no puedo entender que sus medidas creen inseguridad jurídica no solo para los españoles sino para los millones de turistas que están a punto de llegar.
Creo que este tipo de inseguridad demuestra que el estado está ahogado. Mis interlocutores siempre me repiten que más que un viaje, es una experiencia que tratan de proponer a los viajeros. ¿Alguien me puede decir por favor cuanto cuesta una sensación, una emoción? Los viajeros tienen un presupuesto como en todos los sectores de la economía pero sinceramente no creo que vayan a despreciar un destino por culpa de un alza ligera de los precios. A cambio, sí pueden preferir otro país si la instabilidad económica y política permanece y si asustan a los viajeros. El pueblo español sigue siendo acogedor, optimista y enviado por los otros países por su clima y sus encantos patrimoniales. Sin embargo el riesgo de dejarse sumergir por la crisis es de generar angustia a los turistas, antes que lleguen a nuestro territorio.
En este tiempo de crisis, la gente necesita olvidarse de todo este estrés, de toda la presión del día a día y si tenemos que luchar para nuestros derechos, tenemos también que proteger los sectores de la economía que siguen siendo productivos.
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