Parece que Barcelona y Madrid han comenzado a una nueva disputa. No, no se trata del famoso "Clásico" de la liga de fútbol, ni siquiera de la Liga de Campeones, ni tampoco en el baloncesto. Esta vez la lucha tiene lugar en el sector turístico y la batalla se libra en los despachos.
Y es que el magnate estadounidense Sheldon Adelson tiene un nuevo sueño, el de desarrollar "Eurovegas" en España, un macroproyecto en el que se construiría un complejo de casinos, hoteles, centros de congresos y entretenimiento, que se abriría en 2016 y que promete crear alrededor de 260.000 puestos de trabajo y generar ingresos turísticos de 15.000 millones de euros.
Sin embargo, este "tío Gilito" parece estar indeciso y todavía no sabe si construir este faraónico proyecto en la capital o decantarse por la ciudad condal. Dicho de otro modo, es una de esas personas a las que les place que les vayan rogando. Su patrimonio de 24,9 mil millones de dólares se lo permiten. Y ya se sabe el viejo dicho: "Poderoso caballero es don dinero". Por eso, los políticos de ambas ciudades no han tardado ni un segundo en salir a la palestra y tratar de convencerle para que lleve el "Disneyland del vicio" a sus comunidades. Para ello son capaces de todo.
Por el momento ya han escuchado la lista de privilegios que Adelson lleva bajo el brazo. Entre estos "12 mandamientos" figura que se autorice a los menores de edad a entrar a los casinos, se elimine la ley antitabaco en el complejo, se autorice la entrada a los ludópatas, haya cambios en la legislación sobre la prevención del blanqueo de capitales y pide dos años de exención en el pago de las cuotas a la Seguridad Social de sus empleados, dos años de exención del pago de impuestos, modificar el estatuto de los trabajadores y gozar de privilegios legales para contratar personal extranjero. Como si fueran las condiciones de rescate en un secuestro.
Parece que estas exigencias son muy elevadas y, aunque mucha gente ya se haya mostrado totalmente en contra de este proyecto, nuestros políticos lo dan todo en el "Clásico". Se escudan en la importancia económica y turística que tendrá para sus regiones (y para España en general), tanto para las instituciones como para los propios ciudadanos (a esos a quienes suben impuestos, el IVA, recortan los derechos como trabajadores, perjudican recortando en inversión en sanidad e incluso les hacen pagar un precio astronómico por utilizar el metro). Prometen que será un balón de oxigeno en estos momentos de crisis, en los que en la península ibérica escasean las inversiones. Sería una ambiciosa apuesta que ofrecería actividades de ocio, serviría para impulsar el turismo (atraería a millones de turistas de todo el mundo y con mucho dinero), generaría numerosos puestos de empleo (camarero o croupier, un buen futuro para la generación más preparada de la historia) y aportaría grandes beneficios.
¿Beneficios para quién? Y lo que es más importante… ¿a qué precio? Reflexionemos. A todo esto se accedería a costa de crear un pequeño paraíso fiscal, donde se saltarían las leyes (esas que son iguales para todos), se recortarían aún más los derechos de los trabajadores. A parte, es una invitación para las mafias y se aumentarían los índices de ludopatía, de tráfico de drogas y de criminalidad, así como otros vicios, que tan presentes están en Las Vegas ("Sin City" o Ciudad del Pecado). ¿Es este tipo de turismo el que queremos a cambio de un puñado de dólares?
Aunque… ¿quién sabe? La construcción del parque de atracciones de Disney, en París, también estuvo envuelta de una gran polémica y hoy en día nadie duda de su éxito. Como muestra, están los 15,6 millones de visitantes que recibió el parque el año pasado. Ambos proyectos se parecen, salvo que uno hace realidad el sueño de los niños y el otro el de los ludópatas.
Sólo el tiempo dará o quitará la razón. De momento, sólo nos queda cantar eso de:
"Americanos,
vienen a España
guapos y sanos.
Viva el tronío
de ese gran pueblo
con poderío.
Olé Virginia,
y Michigan,
y viva Texas, que no está mal.
Os recibimos
americanos con alegría,
olé mi madre,
olé mi suegra
y olé mi tía."
Andres Pascual
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