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hotel Tamerza Palace
El Tamerza Palace constituye por sí solo el objetivo de un viaje al sur de Túnez. Por su entorno, su decoración y su ambiente. Para descubrirlo en un fin de semana, en una semana o más: la región es lo suficientemente rica en parajes naturales como para no aburrirse.



El Tamerza Palace está en las montañas que dominan el lago salado de El Jerid, a 65 km de la ciudad de Tozeur. Hay que contar una hora de trayecto para llegar al aeropuerto de Tozeur. El entorno es un remanso de paz, ideal para evadirse y todo lo contrario para las compras, la fiesta y todo lo relacionado con el bullicio y la animación.
Desde el hotel, se puede acceder andando al antiguo pueblo de Tamerza (abandonado después de las lluvias torrenciales de 1969). Basta con seguir el río y después subir la colina de enfrente. Los amantes de las excursiones podrán seguir su exploración hasta el oasis de Chebika (calcula 1 hora y media). Sin embargo, hay que alquilar un coche o pedir un taxi para visitar el resto de la región (cañón de Mides, oasis de Nefta, entre otros). El Tamerza Palace es un buen hotel tanto para parejas como para grupos de incentivos. Todos ellos encontrarán un apacible lugar en medio del desierto para desconectar o celebrar reuniones y cenas para el recuerdo. En cambio, las familias con niños echarán de menos instalaciones y personal para el entretenimiento de los pequeños en temporada baja. Una tienda aledaña al hotel es de los pocos lugares de los alrededores para comprar regalos y recuerdos. En ella se encuentran piezas de buen gusto y calidad, pero a precios desorbitados con respecto a otros comercios tunecinos.
Construido en 1992, el Tamerza Palace está edificado sobre la colina rocosa que está enfrente del pueblo de adobe de Tamerza. Su arquitectura exterior, color tierra, se funde perfectamente con el entorno natural. En el interior, descubrimos un vestíbulo dispuesto como la entrada de una casa privada. Al pie de la recepción encontramos salones iluminados por un ventanal. Este da a la piscina y a su terraza de piedras característica de la región. Encontramos por todo el hotel objetos de decoración típicos y refinados. En los pasillos que llevan a las habitaciones hay una caja de madera esculpida; junto al bar, un aguamanil de latón en borde de mármol; celosías de hierro forjado que adornan ventanas interiores, cortinas que revisten las puertas de las habitaciones... Muchos detalles que hacen que el hotel se sitúe en la categoría de establecimientos con encanto. En el exterior, la piscina es bastante grande para nadar (unos 25 m de largo). Justo al lado hay una piscina pequeña para niños. Se han instalado alrededor tumbonas de hierro forjado, colchonetas (también se suministran toallas) y sombrillas de fibra natural. El Spa es uno de los mejores rincones del hotel: además de moderno y bien equipado, en él se pueden recibir múltiples tratamientos de belleza (y productos naturales) y bienestar, incluidos masajes de todo tipo, como los bereber.
Las habitaciones, 109 en total entre suites y de tipo estándar, están todas orientadas hacia el pueblo de Tamerza. Respecto a la vista, no hay sorpresas desagradables, pero es posible que la habitación no tenga balcón. Sólo 24 habitaciones tienen uno. En cuanto al estilo de las estancias, hay dos bien diferenciados: de corte tradicional bereber y de ambiente totalmente contemporáneo. En las primeras, el enlucido blanco rinde homenaje a los alojamientos luminosos y espaciosos (superficie de 20 m² para las estándar). En cuanto a los elementos locales, hay alfombras bereberes en el suelo, a las que se añade un mobiliario de hierro forjado minimalista y refinado. Los cuartos de baño están equipados con una bañera, un secador de pelo, un distribuidor de jabón líquido y albornoces. Respecto a las de corte moderno, son amplias alcobas muy luminosas, con muebles color vengué, tejidos en tonos pastel y algunas cuentan con una enorme terraza que incluye hamacas y sombrilla para relajarse de forma íntima. Los cuartos de baño de éstas, son igualmente espaciosos, y todos incluyen bañera, ducha, secador de pelo y varios espejos (de cuerpo entero, en la puerta, y de aumento, en el lavabo). Todas las habitaciones cuentan también con climatización, teléfono con línea directa, televisión por satélite, minibar y caja fuerte.
La sala del restaurante, provista de ventanales, da al pueblo de Tamerza. Por la mañana, se sirve un desayuno en forma de bufé. No hay infinidad de platos como en un gran hotel, pero hay de todo (salvo zumo de naranja natural) y todo está bueno: embutido, queso, bizcochos, bollos, dátiles... Los huevos fritos y los crepes se preparan a petición del cliente. A mediodía y por la noche, las comidas se proponen en menú o en forma de bufé. No dejes de probar las especialidades tunecinas, muy sabrosas, como el tajín de Yerba, los calamares a la kerkennaise, la chorba (sopa) de cordero. También podemos elegir: recetas internacionales como el pescado a la parrilla a la unilateral y el entrecot a la forma del maitre de hotel. Existe la posibilidad, si se pide, de comer en la terraza al borde de la piscina. No hay que perderse una visita al restaurante aledaño que, bajo el nombre de Les Terrasses de l'Atlas, ofrece una gastronomía de primera calidad, tanto en elaboración como en cuanto a las materias primas utilizadas. Excelentes ensaladas y carne a la parrilla, así como pescados al horno son algunas de las delicias en este lugar, que cuenta con terraza y ofrece unas maravillosas vistas al antiguo pueblo de Tamerza.
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