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EncantoEl Gates, un pequeño hotel alejado del bullicio berlinés, encierra en cambio numerosos secretos. Este establecimiento discreto puede jactarse de haber alojado a diversos personajes famosos gracias a la antigua mujer (bailarina) del propietario. El interés del hotel sigue residiendo en la historia del lugar contada por la decoración antigua de las partes comunes. El interés de las habitaciones renovadas y del resto del hotel es limitado. Se lo aconsejamos a aquellos que desean vivir una estancia marcada por la tranquilidad.
A unos 15 min. a pie de la famosa avenida Ku'Damm, el Gates disfruta de las ventajas del barrio (tiendas, restaurantes, bares o curiosidades turísticas), permaneciendo al mismo tiempo alejado del bullicio frenético de la zona. Recuerda que las paradas más cercanas (Savigny Platz o Zoologischer Garten) están también a unos 10 minutos a pie. Evítalo si no eres muy deportista.
Gracias a una colaboración con la universidad de arte, el Gates expone obras en el interior del hotel. Estos cuadros, colgados de las paredes de la primera planta y de las habitaciones Premium, pueden exponerse varios meses, incluso años antes de cambiarlos. Recuerde que el establecimiento pone bicicletas gratuitas a disposición de los clientes.
El edificio fue construido en los años '70, época en que albergaba apartamentos y tiendas típicas berlinesas. El edificio inicia su carrera hotelera desde 1957 y a principios de los años '90 se convirtió en el primer establecimiento con conexión Wifi en las habitaciones. En el 2001 se convirtió en el Gates que conocemos hoy en día. Numerosas reformas anuales han modificado el aspecto, pero afortunadamente se han conservado las estructuras principales, ya que se trata de un edificio protegido. Actualmente entramos en un pequeño vestíbulo de mármol con un pequeño mostrador de recepción y una zona de espera de color rojo. Un detalle original que hace la espera más llevadera: se ha instalado un ordenador en los "brazos" de un ejemplar de la famosa estatua del oso berlinés. Pero la auténtica atracción se vive en ingravidez: se accede al primer piso por una escalera de época de lo más bonita.
Después de descubrir la escalera o de visitar la sala del desayuno, tenemos derecho a esperarnos habitaciones de estilo antiguo. Habitaciones en las que no nos cuesta imaginar a sus ilustres antiguos huéspedes, como Sophia Loren o Marlon Brando. Sin embargo te espera una decoración contemporánea sin encanto en las 103 habitaciones del establecimiento: moqueta verde, muebles de madera tipo Ikea, sofá de tejido rojo y obras de arte para los más afortunados. En cuanto a equipamientos, impera la modernidad, lo cual es de agradecer: ordenador portátil, teléfono reciente, televisión de pantalla plana, minibar, caja fuerte (en los premiums y superiores), kit de té y café (en las premiums) y cuarto de baño con bañera o ducha, secador, productos de aseo, calientatoallas, etc. Puedes elegir entre tres vistas: jardín, calle o patio interior. Recuerda que las habitaciones del 4º piso tienen balcón.
Aquí no probarás especialidades berlinesas, y con razón. El Gates sólo propone tentempiés en el pequeño bar (unas diez plazas) del vestíbulo o especialidades italianas a través del servicio de habitaciones, además del desayuno. Lamentamos que la magnífica sala de época (madera, mobiliario clásico, rejilla de hierro para separar los taburetes) no sea transformada en restaurante de alto standing. Separada en tres partes (principal, lounge y sala de reuniones), tiene capacidad para unos 120 comensales. Sin embargo el desayuno, de 6:30 a 10:30 h (de 7:00 a 11:00 h el fin de semana) está a la altura de la sala: zumos y fruta fresca, platos dulces y salados, bebidas calientes y frías, etc.
Estimación del interés del hotel, teniendo en cuenta aspectos como la nota de confort, la ubicación, el precio y la categoría.
Estimación del hotel en función de los servicios y beneficios ofrecidos.
Estimación de la calidad del hotel en función de su ubicación
Estancias Berlín (1 fin de semana)