
Autobús
Aparcamiento
Acceso a minusválidos
Restaurante
Internet
Climatización
Espacio Bienestar
Piscina
Gimnasio
Se aceptan animales
Balneario
Familia
Bien situado
Descanso
EncantoEs, sin lugar a dudas, el hotel con más diseño de la zona, incluso de Vietnam y, quizás, de Asia. Todo un lujo a pie de playa, el Nam Hai propone unas villas que uno no está acostumbrado a ver. 100 en total, repartidas a lo largo de 1 km de playa. Envueltas en un extraordinario ambiente de diseño, todas tienen vistas al mar y la mitad también cuenta con una piscina privada. Es una lástima que, ante esta atractiva decoración, el servicio y la cocina no sean ninguna maravilla.
Situado a 30 minutos en coche del aeropuerto internacional de Danang y a 15 minutos de la ciudad de Hoi An.
En las villas con salón están incluidos varios servicios, como el de lavandería, el minibar en parte gratuito y un cóctel y canapés en la habitación todas las tardes de 17:00 a 19:00 h.
El hotel tiene limusinas a disposición de los clientes que deseen ir discretamente a la ciudad o al aeropuerto (servicio de pago).
Tras 3 años en construcción, el hotel abrió en 2006. El diseño es la palabra que mejor define el hotel, tanto en la decoración como en los edificios y los equipamientos. Las piscinas, cinco en total, descienden en escalera hasta el mar. Los restaurantes, los salones, los espacios de descanso y otras zonas comunes cuentan con materiales modernos, colores sobrios elegantes y un ambiente de moda.
Una villa un poco apartada está reservada para practicar deporte. Entrenadores, equipamientos de gama alta, alquiler de material, todo está pensado para disfrutar y liberar energía. Cuenta con 4 canchas de tenis, una pista de baloncesto, otra de bádminton y máquinas de ejercicios para tonificar todos los músculos del cuerpo, así que te resultará imposible marcharte sin haber pasado por aquí, aunque sea simplemente para no tener mala conciencia.
Por último, para relajarse, ya que al fin y al cabo es el objetivo de las vacaciones en un lugar como este, un spa. El spa es increíble y ultramoderno, recibe a los clientes en unas cabañas pequeñas individuales formadas por una primera habitación con la sala de masaje y una segunda habitación sobre al agua, con una bañera y una colchoneta para relajarse. Un remanso de paz y de lujo perfecto para descansar y relajarse.
No son habitaciones, sino villas acondicionadas de una manera original y equipadas a la moda y con la última tecnología. 100 en total, 40 con piscina privada. Todas tienen vistas al mar. En las habitaciones, una plataforma central alzada unos centímetros y rodeada de una cortina esconde la cama, un pequeño sofá, una bañera en el suelo, una pantalla plana y una cadena musical. Este espacio forma una especie de habitación en medio de la villa. Varios escalones más abajo, delante de la cristalera que comunica con la terraza, hay un salón más espacioso con un gran sofá con vistas al jardín, porque aquí, cada uno tiene su pequeño jardín con césped y un cocotero plantado. Un sueño hecho realidad.
Este es en el caso de las villas más sencillas, pero algunas tienen 2, 3, 4 e incluso 5 habitaciones. Ideales para venir con toda la familia.
Las villas que cuentan con su propia piscina tienen a su disposición otra villa con el salón y el comedor. Muy espaciosa, pero no es nada acogedora. No muy bien acondicionada, más de diseño que práctica, con un sofá esquinero situado en cada esquina de la habitación y, en el medio, una mesa alta con sitio para 10 personas. Al igual que en el caso de las villas de una habitación, si solo sois dos, este espacio no está adaptado y, por tanto, no sirve para nada. No es muy acogedor, aunque sí de diseño, y pierde todo su interés a menos que conozcas a gente alojada aquí y organices alguna cena.
El cuarto de baño es muy lujoso. Espacioso, con parqué en el suelo, dos lavabos, una ducha y wc separados y, al fondo, un pequeño patio con una ducha exterior. El lavabo, igual que la bañera de dentro de la habitación, es de cáscara de huevo. Sí, has leído bien.
La decepción del hotel es precisamente la cocina. En el momento de probar la comida, uno se espera lo mejor, desde el restaurante para el desayuno situado delante de la playa, abierto al exterior con una cocina en el centro que permite observar cómo preparan los platos los cocineros, hasta el restaurante para la cena que se encuentra en una maravillosa sala de diseño en la que las fuentes y los ríos hacen contrastes de luz con los materiales lisos y la iluminación original y ultracontemporánea. El único riesgo es meter un pie en el agua si te has bebido una botella de vino. En resumen, unos entornos exquisitos para una cocina regular, sin sabores auténticos. Y la verdad es que el servicio tampoco está a la altura. No todos los camareros hablan bien inglés y no son muy agradables a la hora de responder un consejo para elegir un plato o un entrante, ya que estos son bastante difíciles de diferenciar en la carta.
No hay animaciones ni deportes náuticos en la playa, aquí se viene a descansar, a leer y a disfrutar del silencio. Tiene espacio de sobra puesto que el hotel posee 1 km de playa de arena blanca llena de cocoteros. El paraíso.
Estimación del interés del hotel, teniendo en cuenta aspectos como la nota de confort, la ubicación, el precio y la categoría.