
Autobús
Aparcamiento
Acceso a minusválidos
Restaurante
Internet
Climatización
Espacio Bienestar
Piscina
Gimnasio
Se aceptan animales
BalnearioA este hotel, de dimensiones considerables para la región, no solo le falta encanto sino que también destila una cierta antigüedad. Correcto, sin más.
El hotel está a 3,5 km al este de Lovina, a 115 km del aeropuerto, lo que supone de 2:30 h a 3:30 h de carretera, dependiendo del tráfico.
A pesar de su apariencia de hotel-club, el Sol Lovina no dispone de club infantil. Un equipo de animación propone varias actividades, aunque solo en temporada alta. Parece que el Lovina Sol funciona sobre todo en determinadas épocas, que corresponden con la temporada alta en Europa. La clientela es principalmente alemana y francesa.
Construido en 1992, el Sol Meliá cuenta con 100 estancias distribuidas por bungalows y edificios de 1 sola planta en el centro de un parque de 3,5 hectáreas junto al mar. Ese complejo, más bien imponente para los estándares de la región, ofrece pocas instalaciones a pesar de sus dimensiones. Hay un pequeño spa, que también resulta poco acogedor. Tras el vestíbulo de recepción se extienden las infraestructuras compuestas por bungalows que toman como eje un sendero central, flanqueado por casitas y cabañas, y edificios donde se encuentran las habitaciones "superiores". Cerca de la playa hay una gran piscina y el restaurante principal. Aunque el hotel no tenga ni 10 años, parece que sea mucho más viejo. En definitiva: un hotel sin distinción alguna al que le sientan muy mal los años.
Las habitaciones superiores (es decir, estándar) son bastante grandes. Su decoración es minimalista e impersonal, a pesar de que haya varios ornamentos tradicionales. Las prestaciones son correctas: televisión por satélite (con 7 cadenas), caja fuerte, climatización regulable, minibar, teléfono directo y servicio de habitaciones 24 horas. A imagen de la estancia, el cuarto de baño destila una decoración anticuada, acentuada por su falta de luz natural (no hay ventana) y de productos.
Como ocurre con el resto de instalaciones, el restaurante no tiene encanto alguno. La comida es realmente poco variada: 4 platos europeos, 4 pizzas, 4 especialidades indonesias y 2 clases de vino para acompañar todos los platos. Además, el salón para 137 comensales parece limitado para un hotel que, en temporada alta, puede albergar un total de 300 personas. Está abierto de la mañana a la noche sin interrupciones.
Aunque está recubierta de arena gris/negra y el espacio es bastante limitado, al menos tenemos una playa cerca. Es pública y no tiene equipamientos pertenecientes al hotel. Está separada de éste por una barrera. Nada más salir del recinto, tienes todas las papeletas para ser asaltado por los vendedores callejeros.
Estimación del interés del hotel, teniendo en cuenta aspectos como la nota de confort, la ubicación, el precio y la categoría.