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Bien situado
Descanso
Encanto
CorazónEl Monte-Carlo Beach, lugar de encuentro de los amantes del glamour de la Riviera, goza de su situación frente al mar. De espaldas a un pinar, la intimidad del lugar y su moderna decoración interior hacen soñar. Hay que destacar que, en el mismo emplazamiento del hotel, hay un club de playa que ofrece excelentes instalaciones, así como su losa de hormigón, a los clientes y al público exterior.
El hotel Monte-Carlo Beach está situado a las afueras de Mónaco, en territorio francés, a pocos kilómetros de Italia, en el municipio de Roquebrune. Refugiado en la punta del Cabo Martin, cultiva su paz y su tranquilidad, del mismo modo que atrae a una clientela deseosa de disfrutar de las instalaciones del Monte-Carlo Beach Club. Para todos los amantes del tenis, el Monte-Carlo Country Club se encuentra a unos diez minutos a pie. Si te apetece bailar, la discoteca más cercana, el Jimmy'z, está al lado del hotel contiguo, el Monte-Carlo Bay. Una pequeña anécdota es que el antiquísimo edificio de detrás del "Beach" es una residencia en alquiler, en la que el modisto Karl Lagerfeld se alojó durante mucho tiempo.
En los años 30, el hotel era uno de lugares fetiches de Josephine Baker.
El glamour del principado está encarnado en el Monte-Carlo Beach. Apartado a las orillas de una pequeña bahía, frente al mar y de espaldas a un pinar, esta leyenda de los años locos también ofrece una bonita arquitectura color Rojo Riviera. El hotel, abierto en 1929, primero se convirtió en un 5 estrellas y, después, en 2009, en Relais & Châteaux, tras su renovación y su modernización realizadas por el arquitecto diseñador libanés India Mahdavi. Todo un éxito, elegante y distinguido. La entrada del hotel es un pequeño salón con mobiliario moderno, y de aquí accedes a un pequeño y discreto mostrador de recepción. Hay que subir unos peldaños para llegar a la sala del desayuno, decorada con mucho gusto. El acceso a las habitaciones es rápido y sencillo, las zonas comunes tienen unas líneas depuradas y están limpias. En el exterior, una terraza domina el mar. Una vez hayas pasado delante del pequeño spa, accederás a la zona Club, abierta también a los visitantes de fuera, cuyas instalaciones disfruta el hotel, así como, en especial, de su preciosa piscina olímpica climatizada con agua de mar. El trampolín en caracol vale la pena. El restaurante Le Deck da a la piscina. Al salir de la terraza, se accede a la suite de la zona Club. Hay una hilera de carpas, que pueden alquilarse durante el día. Los clientes también pueden hacer uso del bar lounge y de la sala de fitness del club náutico del extremo de la "playa", una estructura de hormigón construida para paliar la falta de arena. Una pena. La conexión wifi es gratuita en todo el hotel y, en cambio, la conexión a Internet de alta velocidad es de pago. Una curiosidad: en el pinar, hay unos bungalows antiguos y pintorescos que pueden alquilarse durante el día para quedar con los amigos o simplemente relajarse uno solo tranquilamente, situados entre los pinos y algunos con vistas al mar. Un detalle curioso: los clientes disponen gratuitamente de bicicletas eléctricas. Recuerda: el hotel está abierto de marzo hasta finales de octubre.
El gusto por la comodidad de sus invitados, así como por su intimidad, hace que el hotel solo cuente con 40 habitaciones. Estas se dividen en varias categorías: exclusiva, suite júnior y suite. Aunque las tres tienen un punto en común: todas disfrutan de unas vistas al mar y disponen, al menos, de un bonito balcón equipado con mobiliario vintage de segunda mano. En el interior, India Mahdavi también ha aportado un toque moderno sin olvidar el confort y la voluptuosidad.
La habitación es grande y luminosa, los materiales utilizados son claros. Las habitaciones tienen unas camas grandes y cómodas, una gran pantalla plana de televisión en frente de estas, así como numerosos enchufes para conectar el lector de DVD, el ordenador, la videoconsola... Asimismo, se ha dispuesto un agradable salón. Todos los cuartos de baño son de mármol y están equipados con ducha. Disponen de productos de tocador de marca, secador de pelo, espejo para maquillarse, etc. Un detalle original es que han puesto un ojo de buey en la pared de la habitación, que permite que entre un poco de luz del sol y contemplar el mar a lo lejos. El servicio de habitaciones funciona las 24 h. Hay que destacar que el hotel dispone de dos habitaciones para las personas de movilidad reducida.
Para aquellos a los que les gusta comer, hay cuatro posibilidades. El pequeño restaurante gastronómico Elsa es el único que se encuentra dentro del hotel, con capacidad para 40 comensales, para comer o cenar una cocina que combina tendencia y gastronomía. Junto a la piscina y con un entorno más relajado, Le Deck. La cervecería del mar se encuentra en la gran terraza cubierta. Los gastrónomos irán a perderse en la vegetación de La Vigie, con sus parrilladas, sus pescados y sus mariscos. Al restaurante, muy elegante, se puede acceder en barco durante el día, pero solo abre en julio y en agosto. Si te entra hambre entre horas, podrás ir al bar snack del lounge.
El hotel no dispone de una playa propiamente dicha, sino más bien de un banco de arena que no está a orillas del mar. Pero si prefieres, podrás disfrutar del mar desde el pontón, y aprovechar para zambullirte en un agua transparente. La zona está vigilada durante el día. Un pequeño club náutico ofrece numerosas actividades de pago.
Estimación del interés del hotel, teniendo en cuenta aspectos como la nota de confort, la ubicación, el precio y la categoría.
Estimación del hotel en función de los servicios y beneficios ofrecidos.
Estimación de la calidad del hotel en función de su ubicación