
Autobús
Aparcamiento
Acceso a minusválidos
Restaurante
Internet
Climatización
Espacio Bienestar
Piscina
Gimnasio
Se aceptan animales
Norma internacional
Bien situado
EncantoEl Hudson, abierto en el año 2000, después de una reforma que duró tres años, es el fruto de una nueva colaboración entre Ian Schrager y Philippe Starck. Este establecimiento forma parte de una ilustre línea de hoteles del Morgans Group y es un lugar donde vale la pena dejarse ver, en una ciudad donde dejarse ver es indispensable. Su ubicación es ideal, cuenta con grandes zonas comunes y con una decoración innovadora realizada por un diseñador cuya reputación no ha dejado de crecer desde hace 20 años. Desgraciadamente, este enfoque moderno tiene sus consecuencias en el tamaño de las habitaciones que, incluso para Nueva York, son especialmente pequeñas. Pero no dejes que eso te desanime, sobre todo si la estancia va a ser de pocos días, ya que el resto del hotel y del entorno te harán olvidar rápidamente esta falta de espacio. Este hotel se adapta mejor a los grupos de amigos y a las parejas que a las familias.
El Hudson se encuentra en la calle 58, entre la Octava y la Novena Avenida, justo al lado de Columbus Circle, al suroeste de Central Park. No seria del todo cierto decir que el hotel está cerca de los principales puntos turísticos, pero el barrio de los teatros, el MoMA, el Rockefeller Center, las boutiques de la Quinta Avenida y de Madison Avenue y Times Square están algo más al sur. Hay dos paradas de metro cerca del hotel: Calle 59 Columbus Circle y Calle 57, que entre las dos suman un total de nueve líneas. El aeropuerto JFK está a 32 kilómetros, el de La Guardia a 17 k m y el de Newark a 27 km.
El Hudson forma parte del grupo Morgans, en el que se incluye el hotel que inició la revolución de los hoteles boutique (este lleva el nombre del grupo), el Royalton, además de muchos otros establecimientos de Estados Unidos y del Reino Unido. El grupo lo crearon Ian Schrager y Steve Rubell, cofundadores del Studio 54, la discoteca legendaria de los años 70 y 80. El hotel estudia actualmente la posibilidad de crear un espacio representativo de la mítica sala en el sótano. Gracias a las 831 habitaciones el Hudson es uno de los hoteles más grandes de Nueva York. El edificio que ocupa fue construido por la nieta de JP Morgan, que formaba parte de la Young Men's Christian Association.
El exterior del Hudson es típico del estilo de Starck: es un edificio bajo de piedras grises integrado en el espacio libre que dejan dos torres y una tercera situada más atrás. Una banda de cristal verde en el centro de la fachada permite adivinar lo que hay en el interior, al igual que las ocho ventanitas con un postigo cada una situadas un poco más arriba. Se llega al vestíbulo subiendo por unas escaleras mecánicas de amarillo fluorescente, que salen de una pequeña entrada situada a nivel de la calle. Al terminar las escaleras se llega a un vestíbulo verde del tamaño de una casa, con una vidriera en el centro recubierta de falso marfil. Hay un candelabro colgado del techo y si lo miras bien verás que ¡no tiene ninguna bombilla! La luz que parece desprender en realidad es el reflejo de puntos que lo rodean. La recepción, de madera esculpida a mano, se extiende a lo largo del vestíbulo. Detrás de la recepción hay dos inmensas ventanas abovedadas y grandes ramas repletas de hojas que están fijadas a la pared de ladrillos vistos. Hay sillas con la marca de Starck repartidas por aquí y por allá, pero no hay tantas como para evitar las colas de gente que encuentras los días de registro y de salida. Otra de las marcas de fábrica de Starck se encuentra en las puertas del vestíbulo: son los ángeles guardianes, que también podrás ver en el Paramount. El escritorio del conserje está situado a la izquierda de la recepción y en la misma planta también está el Library Bar. Este tranquilo piano bar dispone de un cuidado parqué encerado, además de un artesonado elegante que recuerda a una antigua biblioteca; esta sensación se ve reforzada por la presencia de una chimenea, alfombras, sillas cómodas y, por supuesto, muchos libros apilados en las estanterías del balcón. Podrás observar que el orden de libros situados verticalmente se rompe a veces con libros situados en horizontal. Se trata de las obras preferidas de las personas que han creado este espacio: una manera de recordar permanentemente su creatividad. A un lado de la sala hay un billar esculpido meticulosamente y cubierto de terciopelo violeta; encima de él cuelga una gran lámpara en forma de cúpula, mientras que al otro lado se ha dispuesto un tablero de ajedrez cuya superficie se puede cambiar para dar lugar a un juego de backgammon. Las paredes están decoradas con numerosos retratos de Beth, la vaca mascota del hotel: lleva un sombrero de Coco Chanel diferente en cada obra. Si el tiempo lo permite, pasa algo de tiempo en el Private Park, que te recordará a un escenario extraído directamente de Alicia en el país de las maravillas. El mobiliario del jardín, de tamaño normal, parece minúsculo al lado de regaderas y macetas gigantes, además de las carretillas, los jarrones y los faroles que hay repartidos por la zona pavimentada y que se iluminan de noche. Hay unas mesas, que se mantienen calientes cuando hace frío gracias a radiadores, dispuestas bajo un inmenso arco bordeado de metal. El hotel cuenta con gimnasio y algunos tratamientos de spa que ofrece Brownings. El gimnasio está bien equipado: máquinas de ejercicio cardiovascular (con pantallas individuales) y aparatos de musculación. También se ofrecen sesiones de entrenamiento individual por una tarifa de 85 dólares. Asimismo, se proponen cursos de pilates y de yoga, además de varios tipos de masajes. Como acostumbra a pasar en el caso de los hoteles concebidos por Starck o Schrager, siempre encuentras un toque de excentricidad en todos los rincones. Aquí los encuentras en cada planta, directamente al salir del ascensor, una mesa de mármol (algunas con ordenadores de acceso libre) y taburetes plateados, y en frente, distribuidores automáticos situados detrás de puertas de armario. El hotel no solamente está muy bien cuidado, sino que el personal también está a la altura de las expectativas que puedas tener. En el momento de nuestra estancia pudimos observar a una de las recepcionistas encargarse con calma de un cliente muy difícil. Chapó.
Aunque el Hudson ofrece muchos tipos de alojamientos, las habitaciones menos lujosas son bastante pequeñas. La habitación estándar, como todas las demás, dispone de parqué de teca africana y de revestimiento de okola. Hay dos grandes espejos uno frente al otro a cada lado de la habitación, y a uno de ellos está fijado el televisor de pantalla plana. La cama, que ocupa la mayor parte del espacio, está cubierta con sábanas de algodón egipcio y está delimitada por dos mesitas de noche coronadas por lámparas pintadas a mano por Francesco Clemente, el pintor surrealista italiano establecido en Nueva York. La tela utilizada para el cabecero de la cama (y para algunos muebles de las habitaciones de categorías superiores) es la misma que la de los bolsos de Prada. En frente de la cama hay un escritorio metálico sobre el que se ha fijado una lámpara. El armario tiene una cortina a modo de puerta (por lo que cuesta encontrar la apertura) y en él se guardan la plancha y la tabla de planchar. El cuarto de baño, separado de la habitación por una puerta corredera, también es pequeño; cuenta con una cabina de ducha, que tiene un lado que da a la habitación, además de secador de pelo y productos de aseo Korres. La habitación se ha diseñado íntegramente para parecerse a un camarote de barco, lo que es casi más o menos el caso en las habitaciones de categoría baja, pero mucho más flagrante en las habitaciones superiores. Los equipamientos de las habitaciones son iguales en todas ellas; algunas más caras cuentan con minibar, caja fuerte y minicadenas Sony (por lo menos dos de estos equipamientos están presentes normalmente en las habitaciones estándar de Nueva York). Las categorías superiores a las habitaciones estándar simplemente son más grandes. Las Studio, por ejemplo, gozan de unas mejores vistas, de un rincón de salón separado y a veces camas dobles. Las suites Loft y Business también son más grandes, y las segundas ofrecen un amplio espacio de trabajo y un vestidor. El Apartamento dispone de una chimenea de madera, una terraza cubierta y vistas de Manhattan y del Hudson, mientras que el Penthouse representa el apogeo de lo que puede ofrecer el Hudson, con un solarium de cristal recubierto de hiedras, un comedor en el interior y en el exterior, sin hablar de las espléndidas vistas desde la terraza. Te fijarás en que las puertas de todas las habitaciones están iluminadas por abajo, con lámparas como las que iluminan los cuadros en los museos. Este dispositivo recuerda que las habitaciones son totalmente obras de arte.
El Hudson está en plena mutación: XXX En el momento de nuestra visita, el hotel estaba trabajando en un proyecto para crear un espacio representativo en el sótano que se abrirá al público en forma de club/discoteca el fin de semana una vez hayan obtenido la licencia. XXX
Estimación del interés del hotel, teniendo en cuenta aspectos como la nota de confort, la ubicación, el precio y la categoría.
Estimación del hotel en función de los servicios y beneficios ofrecidos.
Estancias Nueva York (1 fin de semana)