Un poco menos conocido que sus pirámides, sus esfinges, sus mezquitas y sus museos, los Oasis de Egipto, sin embargo valen la pena.
Desplazándote en un vehículo 4x4, en un autobús o incluso a dromedario podrás descubrir zonas más insólitas, en un viaje hacia el pasado. Poco pobladas, generalmente por tribus nómadas, será una ocasión para descubrir una gastronomía y una cultura típica. Por la noche dormirás bajo las estrellas o escogerás soñar en una jaima. Los manantiales ofrecen la posibilidad de darte un baño cálido.
Ubicado a 360 kilómetros del Cairo, el oasis de Baharayi cuenta con unas fuentes romanas y unas aguas a 33 grados de temperatura. En el desierto blanco, una formación rocosa de piedra calcárea contemplarás las formas tan peculiares de las rocas que componen un paisaje atractivo. Te podrás parara en el oasis de Farafra con su suelo de tonalidades diversas. Allí comienza el desierto negro con sus rocas oscuras y texturas variadas. En cuanto al oasis más grande de Egipto se llama El Dajila.
La redacción.