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El hotel se encuentra en una zona residencial muy tranquila, a 1 km de la ciudad antigua de Limassol, lo que equivale a 10 minutos andando. Recuerda que la calle en la que se ubica puede pasar bastante desapercibida. Un detalle práctico es que a dos minutos del hotel existe un cruce que permite tomar las principales direcciones de la isla, incluido el aeropuerto internacional de Larnaca, que se encuentra a unos 65 km (45 minutos de trayecto).
Este hotel, un tanto apartado, se encuentra aproximadamente a 2,5 km de la playa. Además del griego y el inglés, el francés se habla en cada rincón de este hotel. De este modo, los franceses representan un 40% de la clientela, seguidos por los ingleses (un 30%) y los griegos. Con una gran diferencia, los huéspedes del Alasia son particulares, y un buen número de éstos regulares o asiduos que representan a distintas generaciones. Un cuarto de la clientela visita el hotel en viaje de negocios. La recepción organiza actividades náuticas y turísticas a petición de sus clientes, pero no realiza animaciones. Todo el hotel dispone de conexión inalámbrica a Internet. Conviene saber que se ha previsto actualizar la decoración de las habitaciones.
El Alasia abrió sus puertas en 1963. Su fachada, una mezcla de arquitectura tradicional y moderna, se asoma a una callecita tranquila y arbolada. El aparcamiento se ha ubicado justo al lado, en una calle perpendicular. Las últimas reformas importantes se realizaron en 1998, aunque todos los años se renueva algún detalle. A principios de 2006, fue el turno de las cocinas y del bar, que sufrieron una transformación radical. Este edificio de cuatro plantas ha elegido para su pequeñísimo vestíbulo un hall de techos más bien bajos. Las paredes están revestidas con paneles de madera. La caja fuerte de la recepción se encargará de guardar a buen recaudo cualquier objeto de valor. Para disfrutar de la tranquilidad ofrecida por este lugar, no hay mejor sitio que la piscina rectangular, que pese a sus reducidas dimensiones (105 m²) brinda sus toallas gratuitamente. Aunque el espacio que la rodea sea bastante limitado, también cuenta con tumbonas y colchones. Para gozar de mayor libertad, puedes relajarte en las tumbonas del gran parterre de césped situado justo al lado, bajo sus palmeras y sombrillas. A pesar de ser pequeño, el hotel cuenta con dos salas de reuniones, en las que se celebran cócteles y seminarios. Los clientes también pueden utilizar la pista de tenis, el gimnasio y la sauna, o ponerse guapos en la peluquería que se encuentra junto al hotel.
Con un total de 63 habitaciones climatizadas (con camas matrimoniales e individuales) y cinco suites, el hotel puede albergar a un máximo de 120 personas. También existen habitaciones familiares, y cuatro sencillas. Actualmente, el hotel ofrece dos tipos de habitaciones: las que tienen 15 años y las que tienen seis. Ambas cuentan con modernísimos estilos, en los que destaca una decoración armoniosa y cuidada. Las habitaciones, bien equipadas, disponen de radio en una de las mesitas de noche, televisión (12 canales), teléfono directo, un surtido minibar, secador, y un balcón amueblado con una mesa y sillas de plástico. Un punto negativo: las dobles cortinas deberían pasar por la lavandería. Los baños, chapados con azulejos blancos que imitan el mármol, son grandes y agradables. En ellos destacan un enorme espejo, una bañera y una selección de productos de bienvenida.
Un pianista actúa en el famoso Polo Bar, dos veces a la semana. Con idéntica frecuencia, los clientes pueden disfrutar de un bufé especial, amenizado con música. Desde que se renovaran las cocinas a principios de 2006, la capacidad del hotel ha aumentado enormemente. El establecimiento apuesta incondicionalmente por ellas, y organiza comidas de empresa. Dos veces a la semana, se sirven un bufé internacional y otro chipriota. El resto de los días, se puede pedir a la carta o el menú, entre las 12:30 y las 14:30 en el caso del almuerzo, o entre las 19:30 y las 22:00 si se trata de la cena. Para picar algo, el bar permanece abierto de las 10:00 a las 22:00. Entre las 07:00 y las 10:00, el desayuno adopta la forma de un bufé caliente y frío, a la inglesa. El restaurante del hotel, un tanto anticuado, muestra algunos signos de cansancio, especialmente en la moqueta gastada o en el ligero óxido de las sillas. El rosa de los manteles contrasta alegremente con el azul de las sillas y el rojo de la moqueta. La disposición de las mesas no contribuye precisamente a la intimidad de los comensales. Sin embargo, la cocina del restaurante goza de una excelente fama en la ciudad. En el salón, el hotel te ofrece un momento de relax mientras saboreas un té y unas pastas, cómodamente instalado en sus sofás rojos y verdes. También existe un bar junto a la piscina.
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