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El hotel está situado en Illetas, una zona residencial a 8 km del centro de Palma de Mallorca y de la animación trepidante de sus bares y restaurantes, es decir, a 10 minutos en coche. Se tardan de 20 a 25 minutos en llegar al aeropuerto, dependiendo del tráfico, ya que está a 15 km.
No te fíes de su aparentemente pequeña recepción y vestíbulo de entrada: el Bon Sol es inmenso y cuenta con numerosos equipamientos. Dirigido maravillosamente por la carismática familia Xamena, este hotel ofrece a sus fieles clientes, algunos de ellos llevan incluso viniendo más de 30 años, una cálida acogida al auténtico estilo mallorquín.
Nos gusta su arquitectura, cuanto menos original y retorcida. De todos modos, no es difícil circular por ella gracia a dos ascensores situados estratégicamente. Este hotel, equipado con un bello spa y numerosas instalaciones, seducirá tanto a los deportistas como a los amantes de la tranquilidad y la relajación.
El Bon Sol, construido en diferentes etapas a partir de 1953 en la misma colina que desciende hasta una pequeña playa, se extiende en altura desde la recepción y el bar, en el nivel 0, hasta la playa y el restaurante, situados en el nivel -7. Entre estos niveles, dos ascensores y un dédalo de pasillos y rellanos conducen hasta los restaurantes, la sala de fitness cuya cristalera da al mar (nivel -3), el centro Spa lujosamente decorado (nivel -4) y el squah (nivel -6). En la primera planta, se encuentran los jardines colgantes (10.000 m²), el bello mini golf con vistas a la bahía de Cala Major, la piscina climatizada anexa al jacuzzi y al campo de vóleybol. Hay un campo de tenis en la tercera planta, cerca del ascensor que lleva hasta la playa. La decoración de estilo español se combina perfectamente con este laberinto, en el que es agradable perderse al menos una vez. El plano que te entregan en la recepción cuando llegas, es absolutamente necesario para orientarte.
Las 100 habitaciones cuentan con una arquitectura muy variada y son cómodas. Construidas sucesivamente en 1953, 1958 y 1982, se reparten desde la recepción y el restaurante principal hasta los jardines colgantes. Las habitaciones, más o menos espaciosas (de 20 a 50 m²) están lujosamente decoradas en estilo español con mobiliario de madera oscura. Todas están equipadas con aire acondicionado (individual), televisión por satélite, un gran armario con un espejo de pie, una caja fuerte (de pago), un cuarto de baño con bañera, un balconcito con una mesa y dos sillas. Vistas a los jardines o al mar (en el nivel de la recepción). Infinitos productos de bienvenida.
Sólo lamentamos que las grandes terrazas de las habitaciones situadas cerca del restaurante, bajo la recepción, estén demasiado cerca las unas de las otras. Las habitaciones en los jardines del hotel de los bloques A y B (601 a 632) están situadas cerca de la recepción. Sin embargo, aquéllas que están situadas en los bloques C y D (701 a 721) están más cerca de la pequeña playa y del restaurante. ¡Elige cuáles te gustan más!
En cuanto a la gastronomía, puedes elegir entre tres restaurantes con capacidad suficiente para el número de personas que se aloja en el establecimiento. En el restaurante de la primera planta, bajo la recepción, se sirven los desayunos en forma de bufé (hay un cocinero que prepara los platos en show-cooking). En el restaurante de la playa se sirven las tres comidas del día. Las comidas son a la carta. Sin embargo, en el desayuno y la cena hay un bufé con entradas y postres. La terraza, abierta en verano y abrigo del viento, es agradable y se levanta sobre la playa del hotel. No olvides reservar un día antes en la recepción. El tercer restaurante, el Santueri sirve la cena a la carta. Situado a unos metros de la recepción, propone especialidades italianas, españolas, mediterráneas e incluso francesas, en un entorno cuidado y protegido. En los otros restaurantes, las especialidades regionales se combinan con la cocina internacional, estándar, pero de calidad. Por fin, el bar del hotel propone también bocadillos, tartas y postres, al igual que el que está en la piscina climatizada y el chiringuito (sirve pizzas).
El único punto negro del hotel. La pequeña cala redonda, de arena blanca y limpia y aguas transparentes, equipada con tumbonas, duchas, servicios y vestuarios... sería perfecta si no estuviera superpoblada. Los clientes de los apartamentos y hoteles vecinos también van a esta cala de pequeño tamaño. Si quieres huir de las masas y disfrutar de las actividades náuticas (canoa, hidropedal...), puedes ir a la Playa Illetas, a 500 metros, o a la Cala Contesa, situada a 800 metros.
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