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hotel Telfair
El Telfair es un hotel con identidad propia dentro del paisaje mauriciano. Por sus completas infraestructuras, agradará a todos: parejas y familias, amantes del veraneo deportivo, y los que buscan tranquilidad en sus vacaciones. Los más puristas tal vez le reprochen su arquitectura colonial demasiado recargada; todos los demás correrán a hacer su reserva.
Junto al mar, a tres kilómetros de la localidad de Bel Ombre. El aeropuerto se encuentra a 30 km. Calcula una hora para el trayecto.
El Telfair se construyó en los terrenos de una antigua explotación azucarera, el Domaine de Bel Ombre. Se ha conservado la mansión colonial. Alberga un restaurante de cocina tradicional de calidad, el Château de Bel Ombre. Abre para el almuerzo, la hora del café y la cena. Vistas impresionantes desde el mirador a los jardines a la francesa y la laguna litoral al fondo del paisaje. Para comer en él, hay que hacer reserva en la recepción del Telfair. Transporte gratuito a petición.
También cabe señalar que el Telfair está muy bien preparado para acoger a familias. Sus habitaciones pueden alojar a hasta dos adultos y dos menores. Y, sobre todo, el club infantil ofrece actividades para los niños a partir de dos años, de manera ininterrumpida de 09:00 a 22:00. Piscina privada, televisión, zonas deportivas y de esparcimiento, y menús especiales para las comidas: todo está previsto para que los clientes se sientan como reyes.
El Telfair, abierto en diciembre de 2004, fue concebido como un hotel de estilo colonial más autentico que los originales. 20 pabellones de una planta están engastados en el corazón de 10.400 ha (es decir, 10 kilómetros de largo por 10 de ancho) de una naturaleza agradablemente realzada por un campo de golf, terrenos de césped rodeados de limoneros, y jardines con flores sobre los que los cocoteros proyectan su sombra. El encanto especial del hotel también se debe al río cubierto de nenúfares que atraviesa los terrenos. No hay que menospreciar en absoluto las habitaciones que dan al río: el panorama es tan bello como en las que miran a la laguna litoral. En cuanto a la decoración, el color dominante es el blanco crema, tanto en el exterior (balaustradas y revestimientos de madera pintada) como en el interior (techumbre del bar principal en madera vista). El mobiliario está fabricado en maderas exóticas de estilo Compañía de Indias. Durante el día, la vida del hotel gira en torno a la piscina (de aproximadamente 30 m por 15 m), flanqueada por el bar principal, del lado del hotel, y por el restaurante de playa, del lado del mar. La tan agradable tranquilidad está garantizada por la distribución de las tumbonas (en hierro de forja y separadas entre sí), así como por la repartición de las áreas de esparcimiento (piscina y playa). Tienes toallas de baño a tu disposición.
De las 158 habitaciones del hotel, 60 dan a la laguna litoral, 60 al río, y las demás a la piscina y los jardines. Con una superficie mínima de 54 m², pueden alojar a dos adultos y dos menores, o a tres adultos. Es de apreciar el efecto, a la vez sobrio y elegante, conseguido al colocar una ventana con paneles correderos entre el cuarto de baño y la cabecera de la cama. Muebles embellecidos con mimbre trenzado, grabados de estilo antiguo en las paredes, numerosos cojines de seda y algodón... Para un toque romántico adicional, pide una habitación de lujo: las camas tienen dosel con cortinas de muselina. Balcón o terraza con mobiliario de madera envejecida en todas las habitaciones, televisión, teléfono, minibar, kit de té/café, aire acondicionado y ventilador. Están muy bien equipadas, y el servicio incluye una cesta de fruta a la llegada, así como una bandeja de dulces todas las noches.
En el restaurante principal, el Anabella, la cocina está a la vista de los clientes. Podemos optar por comer cerca de ella, en la mesa del chef, en el pabellón contiguo en estilo Compañía de Indias, o en la terraza cubierta que da a los jardines. Es una lástima que el mobiliario de esta parte del restaurante sea de mimbre, y que tenga las mesas poco distanciadas: el conjunto pierde encanto. Bufé completo para el desayuno. Por la noche, menú servido en mesa. Los platos, sabrosos y con una presentación primorosa, ofrecen sabores franco-mauricianos (marisco a la crema de curry y a la manzana verde, filete de salmonete al cassoulet ?especie de potaje? de verduras). Otras opciones: la marisquería de la playa, el restaurante de comida tradicional de calidad, el Château de Bel Ombre, y la cocina mediterránea del bar-restaurante situado entre la piscina y la laguna litoral.
El Telfair sigue el contorno de la playa de Bel Ombre (expuesta al viento), que se extiende a lo largo de varios kilómetros. Su fina arena es limpiada con regularidad. Disponemos de tumbonas (en maderas exóticas) y sombrillas en unos 800 m alrededor del hotel. Bastan un par de zancadas para alcanzar la laguna litoral: el suave desnivel en el agua hace que los niños puedan bañarse sin problemas en esta playa. Por el contrario, los adultos tienen que adentrarse hasta el límite de las boyas para poder nadar. Para más tranquilidad, la caseta de actividades náuticas se encuentra en uno de los extremos de la playa. Si queremos pedir una bebida sin levantarnos de la tumbona, basta con indicarlo mediante una pequeña bandera. Sombrillas en fibra de caña, tumbonas de teca: sólo hay que dejarse arrullar por el viento entre las casuarinas y los cocoteros.
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