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hotel Neptune Paradise
El Neptune Paradise está al borde de la hermosa playa de Galu Kinondo. El hotel funciona como un hotel club, con animaciones y distracciones a lo largo de todo el día. Propone estancias con la fórmula todo incluido. El establecimiento resulta perfecto para las personas que quieren participar en actividades durante sus vacaciones. Los pequeños de tres a nueve años pueden disfrutar del club de niños.
El complejo Neptune está situado a 40 km del centro de la ciudad de Mombasa y hay que contar 50 km para llegar al aeropuerto. Al estar situado en la costa sur de Mombasa, la duración del trayecto para llegar depende principalmente de la rotación del ferry. Se necesita una hora y media larga para el trayecto del aeropuerto al hotel, y mucho más si el tráfico es denso a la salida del barco.
El Neptune Paradise forma parte de la cadena de hoteles Neptune. Construido en 1990, está unido al Neptune Village por lo que los clientes de los dos hoteles disfrutan de las mismas instalaciones, con una piscina propia para cada hotel.
El complejo ha abierto el Palms Beach en noviembre de 2006 y justo al lado de éste hay un hotel 4* Superior (normas locales) de 60 habitaciones.
Si has elegido otro establecimiento para pasar tus vacaciones, que sepas que puedes venir a pasar el día al Neptune Paradise. Te costará 1.800 ksh y tendrás acceso a la fórmula de todo incluido durante un máximo de ocho horas.
El equipo de animación está compuesto por 18 personas, propone actividades todo el día y organiza noches temáticas con espectáculos diferentes cada noche: bailes folclóricos, acróbatas, orquestas...
El establecimiento recibe a sus invitados en un vestíbulo pequeño. El conjunto está protegido por un techo de makuti (hojas de palmera secas). El mobiliario es de madera esculpido a mano. Los asientos en tonos beiges son bastante cómodos. En la parte posterior de la recepción hay unas raíces de baobab disimulando una fuente donde el agua sale de una pequeña tinaja.
Se llega a la zona de actividad del hotel a través de caminos protegidos por sobradillos de makuti. Descubrimos una gran piscina con formas redondeadas donde reina un ambiente festivo. Sin embargo hay pocas tumbonas colocadas al borde. Una piscina pequeña permite a los niños bañarse con toda seguridad. Afortunadamente se ha acondicionado un gran palmeral con tumbonas, colchones y toallas gratis.
92 habitaciones están repartidas en bungalows de inspiración swahili con tejados de makuti que cada uno reúne cuatro habitaciones (dos en la planta de arriba y dos en la planta de abajo). Para los niños y las personas con movilidad reducida son preferibles las habitaciones en la planta baja ya que las escaleras para subir al primer piso de cada edificio son bastante empinadas.
La habitación es bastante espaciosa y decorada con colores cálidos que producen una armonía con la colcha, las cortinas... Pero sin embargo no tiene mucho encanto y la decoración está bastante anticuada. Encontramos una mosquitera, una televisión, una caja fuerte, un secador, climatización y un set de té y café, pero no hay mini-bar. Habrá que marcar el número de la recepción para poder llamar al extranjero. El cuarto de baño tiene una gran ducha, pero hay que pensar en airearlo ya que el olor a humedad se instala muy rápido.
Por último todas las habitaciones tienen un pequeño balcón o una terraza en función de la planta.
El restaurante principal del Paradise cuenta con dos salas adyacentes en forma de círculo. La sillas de colores azul y marrón son bastante apagadas y hay poca decoración que alegra el lugar, pero tiene una vista exterior preciosa gracias a los grandes ventanales. Las tres comidas se presentan en forma de bufé. Sin embargo el segundo restaurante The Olive Kitchen, propone algo de picoteo a la hora de la comida y un menú a la carta por la noche. Los sillones verdes van a juego con los manteles de cuadros.
El lugar más agradable del hotel es el Boat Bar, donde los fanáticos del deporte podrán seguir los partidos de fútbol u otros deportes. La decoración del lugar hace pensar que estamos realmente en un barco. El techo se levanta en torno a grandes velas blancas. Justo al lado de este lugar se encuentra el Deck, que está inspirado en el mismo ambiente y donde se puede pasar la hora del té en cómodos sillones azules.
El establecimiento no ha puesto tumbonas en la playa, seguramente para preservar a su clientela de la presencia masiva de beach boys. Estos vendedores no son agresivos pero sí bastante insistentes. Es una pena no poder tumbarse en una tumbona en la arena. Por supuesto se puede chapotear en el Océano Índico.
Como la mayoría de las playas en Kenia, resulta difícil bañarse por la mañana ya que la marea no sube hasta primeras horas de la tarde, y ésta deja a su paso cierta cantidad de algas. La barrera de coral no está muy lejos de la orilla, por eso es preferible que los pies frágiles se bañen con sandalias para no hacerse daño con los corales muertos.
12.5
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