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Contrairement à beaucoup de villes des Caraïbes, la Martinique présente un joli chapelet architectural particulièrement coloré. A commencer par Fort de France, marquée par son passé colonial, en passant par Saint-Pierre et son histoire volcanique ou encore Saint-Anne, charmant petit port authentique. La plus importante concentration touristique est située autour de Trois-Ilets, station réputée pour ses nuits agitées et ses plages de rêve.
? Soren Rasmussen
Fort-de-France está construida en las faldas de una colina. La capital de Martinica que cuenta con 100.00 habitantes (llamados "foyalais"), es una ciudad antillana en estado bruto, en la que circular y aparcar es toda una odisea. Una centena de enormes veleros y barcos de cruceros atracan permanentemente en su rada, lo que confiere a esta ciudad en continuo movimiento un pintoresco toque vacacional. En una mezcla heterogénea, las bonitas casitas de madera pintada y sus balcones tallados cohabitan con horribles edificios alicatados, que por lo general alojan oficinas administrativas.
A la sombra de las palmeras reales de la plaza de la Savane, reina la estatua de la emperatriz Josefina, símbolo de un periodo muy significativo en la historia de la isla.
La biblioteca Schoelcher es un imponente pabellón de arquitectura metálica dedicado al diputado del mismo nombre, acérrimo defensor de la libertad al que se debe la abolición definitiva de la esclavitud mediante el decreto del 22 de mayo de 1848.
El fuerte defensivo de Saint-Louis, levantado a finales del siglo XVII sobre un promontorio rocoso que domina la bahía de Fort-de-France, hoy en día se contenta con servir de sede al Estado Mayor de la Marina Francesa de las Antillas y Guayana.
? Wilfried Louvet
Saint-Pierre es uno de los dos principales polos de atracción turística de la isla. De la ciudad martirizada y destruida por la lava y las oleadas de lodo durante la catástrofe volcánica de 1902, subsisten todavía algunas zonas originales de la antigua catedral, del calabozo de la prisión y de la iglesia del fuerte. La visita de estas ruinas da una idea de la importancia económica y cultural que la ciudad ostentó hasta el siglo XIX. Fue reconocida como "Ciudad de Arte y de Historia" por las autoridades francesas en 1990.
? Viviane Rivi?re
Sainte-Anne, un pueblecito situado en el suroeste, es conocida por su cerámica y sus langostas a la parrilla. También la caracterizan su bonita iglesia color ocre, sus casas de madera y los gomeros que engalanan sus paseos. Se dice que su playa es, junto a la de Les Salines, la más bella de la isla: una fama bien merecida.
? Ariel Fuchs
Al otro lado de la bahía de Fort-de-France, en la costa suroccidental de Martinica, Trois-Ilets concentra la mayoría de hoteles de la isla. Se trata de una ciudad costera especialmente animada que, además de las vecinas playas de Anse Mitan y Anse à l'Ane, acoge todo tipo de boutiques y restaurantes, así como un pequeño burgo criollo tradicional que a su vez alberga varios comercios. Un lugar ideal para las compras y la práctica de numerosos deportes (incluido el golf), comunicada por un servicio regular de barcos con Fort-de-France. De este modo, Trois-Ilets es el único punto de la isla en el que se puede prescindir del coche. La propiedad de La Pagerie, sita en esta zona, vio nacer a Josefina de Beauharnais. Transformada en museo, esta casa está hoy dedicada a la vida de la esposa de Napoleón Bonaparte.
La Pointe du Bout es la ciudad costera por excelencia. Sus altos edificios de hormigón y sus playas acondicionadas son perfectos para los que quieren disfrutar de Martinica sin sentirse demasiado desplazados. Sin embargo, no es aconsejable si se busca la autenticidad de la isla.
En el extremo norte de la isla, la carretera finaliza abruptamente en un pueblecito situado frente al océano. Se trata de Grand'Rivière, morada de pescadores, encerrada entre el océano y la Montaña Pelée, un lugar en el que sorprende la diversidad de los paisajes. Una armoniosa mezcla de selvas, olas, acantilados, viviendas y un río. En este último, que serpentea desde el volcán, se dan cita los bañistas llegados de toda la isla. También sirve de punto de partida a numerosas excursiones a pie.
El burgo de Basse-Pointe se encuentra en el extremo norte de Martinica. Su barrio más antiguo se concentra alrededor de la iglesia de San Juan Bautista, desde la que una callecita llamada Bord-de-Mer conduce hasta el puerto. Como muestra la presencia de pequeños templos, este pueblo recibió a numerosos indígenas durante el siglo XIX, llamados para paliar la falta de mano de obra provocada por la abolición de la esclavitud. Todavía hoy, Basse-Pointe es la población preferida por esta comunidad. Si bien aquí la principal actividad económica giraba tradicionalmente en torno a la caña de azúcar, actualmente ésta se ha visto sustituida por la pesca y el cultivo del plátano y la piña.
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