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hotel Matira
Aparte de una pequeña recepción y un restaurante situado a 500 metros, no hay ninguna otra instalación: podríamos pensar que el Matira no es "buen negocio". Pero eso sería desdeñar el trato acogedor y el ambiente zen de los hermosísimos bungalows balineses, 100% en madera, ubicados en medio de un agradable jardín junto al mar.
El hotel se encuentra a 7 km de Vaitape. Calcula 15 min de trayecto.
El Matira ofrece un servicio extremadamente sencillo y sin florituras. Una recepción y bungalows a pie de playa, eso es todo. Sin embargo, las habitaciones son originales, y el restaurante independiente (situado a 500 m) ofrece una cocina sabrosa.
El Matira, situado en el extremo sur de la isla, no salta a la vista cuando recorremos la carretera que bordea el litoral sur de Bora Bora. Una simple placa de madera sobre una pared de piedra al salir de una curva lo anuncia. Una vez en el pequeño vestíbulo de la recepción, en donde te dará la bienvenida una chino-polinesia de sonrisa perenne, comprenderás que aquí lo que impera es la sencillez y la simplicidad. Todo es cuestión de gustos, por supuesto. A nosotros nos encantaron el parque, bien cuidado, frente al mar, y los 14 bungalows de arquitectura minimalista, enteros en madera oscura. Desde el exterior, estos alojamientos podrían incluso recordar ciertos hoteles de alta categoría de Bali. Pero el confort que ofrecen es sencillo, sin florituras. Es totalmente adecuado para los presupuestos moderados y los amantes del relax.
Madera, y sólo madera. Los bungalows, elevados sobre pequeños pilotes, están construidos íntegramente en teca. Son de planta cuadrada, y se accede a ellos corriendo unos grandes paneles, de manera que se revela una bella terraza que ocupa aproximadamente la mitad de la superficie (con banco, silla y un pequeño escritorio), y que aumenta considerablemente el tamaño de la terraza ya existente en el exterior de los bungalows. Tras otros paneles correderos, se encuentra una gran habitación, que se prolonga hasta el vestidor y el cuarto de baño. Y, para acabar, una ducha enorme (¡dos por dos metros!) y otro vestidor ocupan el resto de la superficie. El equipamiento de los bungalows es muy escueto: un pequeño frigorífico, un hervidor de agua, lámparas... En las ventanas no hay cristal; sólo persianas.
No hay restaurante directamente en el complejo. Sin problemas. El hotel ofrece acceso a un restaurante con el mismo nombre (pero regentado por un propietario diferente), que sirve desayunos (tres tipos: clásico, continental y americano), almuerzos y cenas. Se llega a pie en menos de cinco minutos. Los platos son cocinados con esmero por el antiguo chef y el pastelero del Intercontinental. Por su relación calidad/precio, sin competencia en toda la isla, sus sabrosos platos, sus postres suculentos, y su entorno acogedor, directamente en la playa, no lamentaremos el paseo. Calcula alrededor de 20 euros por plato. Imperdonable no probar los postres de chocolate: exquisitos.
Aunque no disponga de equipamientos, y sea relativamente estrecha, la playa del Matira es sin embargo extensa y agradable, y está bordeada por una enorme laguna litoral. Es pública, y se sitúa tras un murete de apenas un metro. En cuanto a las actividades náuticas, no hay disponibles en el propio hotel, pero en recepción se pueden encargar de contactar con una empresa de servicios externa.
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