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hotel Intercontinental Resort and Spa Moorea
Grandes bungalows primorosamente decorados, un emplazamiento privilegiado, a la orilla de la laguna litoral, un delfinario y magníficas instalaciones para deportes náuticos: el Intercontinental está a la altura de los que buscan conjugar confort y una amplia gama de actividades vacacionales. Lástima que los precios de la restauración sean tan elevados.
El hotel se encuentra a 27 km del aeropuerto, y del desembarcadero de los ferrys. Calcula alrededor de 30 minutos de trayecto.
El Intercontinental cuenta con un delfinario (con tres delfines), que nos ofrece la posibilidad de nadar con estos simpáticos mamíferos (previo pago de un suplemento), así como una zona de la laguna litoral reservada para cuidar a las tortugas marinas. Ofrece un gran número de actividades náuticas, entre las que destaca el alquiler de barcos sin necesidad de permiso.
El Intercontinental, situado en la costa nordeste, no lejos de la bahía de Opunohu, ocupa una hermosa y vasta extensión a la orilla de la laguna litoral. Consta de 48 habitaciones en un edificio de dos plantas, más 94 bungalows repartidos entre el jardín, la orilla de la playa, y los islotes que emergen de la laguna litoral, conectados por pasarelas. El conjunto del entorno es soberbio, entre la laguna litoral y las formas abruptas y verdes de las montañas en segundo plano. La decoración del hotel, agradable, se inspira en motivos locales, aunque le falta un poco de originalidad, por no decir de personalidad. El trato y el servicio, por su parte, son intachables, y las prestaciones no son escasas. El hotel dispone de dos pistas de tenis y un pequeño gimnasio (en un bungalow), así como de una pista de vóley playa. Y cómo no: dada su condición de destinación de sol y playa, el acento se ha puesto en las actividades náuticas, con su hermosísimo club náutico. En cuanto al relax, no podemos olvidar la existencia de un atractivo spa, en el que se ofrecen tratamientos muy influidos por las tradiciones polinesias.
Ya sea en las habitaciones del edificio frente a la piscina y a la playa, o bien en los bungalows del jardín, la playa o sobre pilotes, la decoración y los equipamientos están a la altura de un establecimiento de buena categoría. Televisión, teléfono, cuarto de baño con secador de pelo, minibar, aire acondicionado y ventilador, caja fuerte electrónica (pequeña), radio despertador, e incluso una plancha: no falta de nada. La decoración está muy lograda: paredes tapizadas de hojas de pandano trenzadas, y muebles de bambú y mimbre. Todos los bungalows cuentan con una zona de terraza, un salón con sofá, que puede hacer las veces de cama supletoria para un niño o un adulto, una habitación, y un amplio cuarto de baño con doble lavamanos, bañera, ducha separada y retrete independiente. Una puntualización: los bungalows sobre pilotes no se encuentran totalmente sobre el agua. Sólo la terraza se proyecta sobre la laguna litoral, a la que permite acceder por una escalerilla.
El Intercontinental cuenta con dos restaurantes: el Fare Nui y el Fare Hana, situados uno tras otro, en dos niveles diferentes, junto a la piscina y a dos pasos del mar. En el primero, podemos degustar una cocina internacional con aires polinesios. Los precios son más bien elevados, en especial los del desayuno (en el que el bufé ofrece una variedad decente de platos, pero que no es comparable a la de su homólogo de Papeete). El Fare Hana ofrece por su parte una carta más ligera, para comer o sólo picar algo. El bar Motu Iti, situado un poco más atrás en el vestíbulo, ocupa varios niveles, alrededor de una barra en el centro. Música en directo algunas noches en el bar. Espectáculos tres veces a la semana: "velada maravillosa" la noche de los sábados (espectáculo polinesio con danza del fuego en la playa), barbacoa la noche de los miércoles, y velada de tradiciones polinesias los lunes.
Existen numerosas playitas diseminadas por los terrenos del hotel. La mayor de ellas (unos 100 m de largo) se encuentra frente a la piscina, y cerca del espigón del club náutico. Los clientes tienen a su disposición, de manera gratuita, toallas, sombrillas y tumbonas (lástima que sean de plástico). Los que prefieran el movimiento a la tumbona encontrarán una excelente oferta de actividades en el club náutico. El material se encuentra en perfecto estado, y nos permite acercarnos a observar las rayas y los tiburones del arrecife, a sólo dos pasos, ya sea solo en kayak, acompañado en moto de agua, o bien en uno de los cruceros en barco que se organizan.
16.5
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