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hotel Sofitel Maeva Beach Tahiti
El Sofitel Maeva Beach no resulta atractivo a primera vista debido a su enorme estructura, característica de los años 70, y a una ubicación demasiado cercana a la carretera. Sin embargo, la decoración interior resulta agradable y bien cuidada, sobre todo en las habitaciones. Se trata asimismo de un espacio acogedor con restaurante y piscina junto a la playa. Otra de sus ventajas es la comida, sabrosa y relativamente económica.
El hotel está situado a 4 km del aeropuerto (10 min) y a 9,5 km de Papeete (20 min).
El hotel ofrece, desde septiembre de 2005 (fecha de su renovación), una decoración muy cuidada, en la que destacan obras artesanales tradicionales del Pacífico pertenecientes a una colección privada (repartidas por todas la zonas comunes). El hotel cuenta con bonos sauna/hammam para Papeete, incluyendo a esta interesante tarifa el transporte.
El exterior del Sofitel Maeva Beach no resulta muy atractivo desde la carretera de acceso: edificio de un sólo bloque, construido en 1969 sobre siete plantas con los laterales en forma de gradas (simulando un paquebote). Los pequeños terrenos del hotel están situados, por desgracia, cerca de la carretera (bastante frecuentada) que va de Papeete hacia el sur. A primera vista el hotel no transmite buenas sensaciones, aunque una vez dentro del vestíbulo la impresión cambia. Cabe destacar la decoración en un estilo muy elegante, combinando sobriedad y calidez, y la zona de la piscina y del restaurante situada junto al mar. El hotel, que cuenta con 214 habitaciones de gran comodidad y con un marco cuidado, es recomendable para una estancia corta (de dos o tres noches), antes de partir a otros lugares de la Polinesia. Otra de las ventajas del hotel es su coqueta piscina de grandes dimensiones (40 x 15 m aproximadamente), rodeada por una extensa cubierta a la que se accede a través de una bonita escalera de piedra de Bali.
Las habitaciones no son grandes pero sus dimensiones son bastante razonables (22 m²). La moderna decoración evoca un poco el universo "Kenzo": colores vivos con numerosos motivos florales. El mobiliario es bonito, con sillas de madera trenzada (jacinto de agua). Las cortinas de las ventanas son sugerentes, con pasajes de un libro de Paul Gauguin (Noa-Noa) sobreimpresionadas. Todas las habitaciones están equipadas con una pantalla LCD y una cama muy confortable. Existen dos categorías de habitación: "laguna" y "montaña". El tipo "laguna" es más recomendable (pero conlleva un coste adicional), sobre todo debido a las vistas y la tranquilidad que ofrece. La categoría "montaña", por su parte, cuenta con vistas a la montaña, pero también a la carretera; sin embargo, el doble ventanal garantiza una excelente insonorización. Se puede elegir la versión con camas gemelas o la versión de tamaño King Size, de dos metros. Las camas son muy confortables. Los baños son más bien pequeños pero muy agradables: decoración coqueta, ducha americana (ducha de lluvia y de mano) y un "verdadero" secador de pelo.
El hotel cuenta con dos restaurantes. El Bougainville, el restaurante principal, que abarca dos zonas semicubiertas (junto a la piscina y el bar de ésta). En él se sirven desayunos, comidas y cenas en modo de bufé o a la carta. La carta, con especialidades internacionales y polinesias, cambia todos los días y ofrece de manera sistemática entrantes, sopas, pizzas, pasta, carne, pescado y postres a unos precios razonablemente económicos (una media de 18 euros el plato). Cabe destacar los espectáculos que el Sofitel programa tres veces por semana: polinesio, barbacoa y horno de Tahití (ma'a Tahiti). El segundo restaurante, el Teppanyaki, es japonés y se especializa en cooking show: un cocinero japonés muestra sus habilidades en las mismas mesas de ocho comensales (hay cuatro mesas, es decir, un total de 32 personas). Es necesario realizar una reserva; cuatro servicios por noche, de 18:30 a 21:30.
La playa del Sofitel es de pequeñas dimensiones, apenas un centenar de metros, y no resulta muy atractiva. Al entorno le falta clase, exceptuando las preciosas vistas a Moorea. La playa está equipada con tumbonas y sombrillas, y cubierta con arena gruesa (pero blanca). El agua es transparente y limpia, pero en el fondo, además de arena, podemos encontrar restos de coral y piedras. El hotel no cuenta con club náutico (hay uno a 150 metros, hacia la parte izquierda de la playa, que organiza diversas actividades, entre ellas submarinismo).
14.5
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