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hotel Don Juan Beach Resort
El Don Juan Beach Resort, situado en el corazón de Boca Chica, es un hotel con un toque pintoresco y personalidad propia, conseguida a base de esforzarse en obtener una decoración y un acondicionamiento adecuados. En verano, este complejo hace las delicias de los amantes de ambientes festivos y de colores locales. No se recomienda para los que buscan tranquilidad.
El hotel está situado al final de la calle Abraham Núñez, bastante tranquila en comparación con la calle Duarte, artería principal de Boca Chica en la que se respira el ambiente festivo de la población. Situado a 15 km al este del aeropuerto internacional Las Américas y a media hora en coche, cuando el tráfico es fluido, del centro histórico de la capital, la famosa Zona Colonial.
El personal es francófono, al igual que la mayoría de los clientes. El trato es muy agradable. En verano los puertorriqueños y jamaicanos invaden literalmente la región y animan mucho el hotel. Y animar es quedarse corto. No se recomienda para las personas que desean quietud.
El establecimiento es muy acogedor. Presenta una fachada de madera pintada de verde vivo y un pequeño vestíbulo en la entrada con mobiliario confortable de mimbre típico que rodean a varias mesas bajas de piedra y a las mecedoras de madera multicolores. Un gran ramo de flores y una variedad de plantas completa el cuadro. El hotel se abrió en 1986 y se ha ampliado poco a poco. El último edificio es de 1997. Los fines de semana, los autóctonos animan el hotel... Y eso es quedarse corto en palabras. Las dos piscinas y la playa se llenan de melodías y ritmos de merengue y bachata, y el olor de los puros se entremezcla en el festín de sensaciones. Pero el ambiente del hotel es distendido y el personal, francófono, es muy atento con los clientes. La prueba es que los clientes repiten.
El alojamiento es el único punto negativo del Don Juan Beach. Las habitaciones se distribuyen en ocho edificios. Hay un total de 224 habitaciones, de las que 157 son normales y 67 de categoría superior, con dos camas dobles (Club de los capitanes). El primer edificio se construyó en 1986 y, al igual que las construcciones de los años 80, es una estructura de hormigón naranja con balconcitos encajonados y alineados que no soporta bien el paso del tiempo. Aunque las dimensiones de las habitaciones son más bien grandes (aprox. 30 m² las habitaciones normales), la iluminación general es bastante deficiente y a veces huele a cerrado. Sin embargo las habitaciones están muy bien equipadas. Todas disponen de climatización, teléfono con línea directa para llamadas al extranjero, televisión por cable (45 canales), secador de pelo, cafetera (con agua potable) y minibar (con recargo). A petición del cliente, se puede disponer de forma gratuita de una nevera vacía. Además cuentan con bañera de burbujas (jacuzzi en las habitaciones de categoría superior). Un servicio de habitaciones ofrece platos fríos, calientes y comidas completas para desayunos, almuerzos y cenas.
El hotel dispone de tres restaurantes. El Coral es el restaurante principal y tiene acondicionada una gran terraza florida con columnas blancas, situada entre el vestíbulo de la recepción y la primera piscina. Las mesas y sillas son de plástico. Se sirve en forma de bufé cocina internacional, local y temática. Esta última es diferente cada noche. El restaurante italiano La Caleta, situado cerca de la piscina, es una casa de madera con colores amarillo, rojo y verde, y propone menú a la carta (reserva previa). El mobiliario es de mimbre. Una cafetería abre de 12:00 a 15:00. Cuatro bares abren hasta las dos de la mañana. El de la playa, una gran choza al final de la plataforma sobre pilotes, es muy acogedor (no se incluyen las bebidas). El público puede tener acceso, pero hay que atravesar la playa.
Las aguas cristalinas mojan la suave arena de tonos bastante oscuros; algo común en esta parte de la isla. La playa del hotel se combina con la playa pública, inmensa y abundante en palmeras. Pero únicamente una pequeña parcela pertenece al establecimiento y está vigilada por un servicio de seguridad para garantizar el espacio a los clientes, ya que en verano se concentra muchísima gente, y más aún los fines de semana. Los dominicanos de Santo Domingo que no tienen playas se dan cita en aquí. Se puede decir que éste es el lugar del ajetreo. Las vistas al Caucedo, puerto turístico y de exportación, dejan mucho que desear. Más atractivas son las vistas que dan al pueblo Andrés. El servicio de toallas es gratuito para la playa y la piscina, que están equipadas con tumbonas y chozas.
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