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hotel Les Amaryllis
Si te gustan los hoteles flamantes sin ninguna relación con el estilo local, el hotel Amarylis seguramente esté hecho para ti. Su arquitectura contemporánea se plasma sobre todo en el verde pálido, el rojo y el crema. Encontramos comodidad y espacio, aunque los interiores desnudos, la ausencia de vegetación y la repetición rectilínea de las estructuras idénticas de un solo piso le dan un carácter monótono y sin un encanto evidente.



En el centro de la zona turística de Saly, a unos 80 kilómetros al sur de Dakar. A 25 km se encuentra aeropuerto internacional de Saly, actualmente en construcción.
El propietario del hotel «los Amaryllis» también posee el hotel intermedio, «les Bougainvillées», lo cual permite a los clientes amantes del descanso aprovechar sin problemas de la animación que propone el segundo.
Abierto en 2008, este hotel demasiado nuevo se extiende a lo largo de tres hectáreas. El terreno dispone de un gran edificio principal y colorido que alberga la recepción desnuda, el restaurante al aire libre y cubierto, un bar glacial, así como distintas salas de conferencia. Delante, una gran piscina con su bar permite relajarse tranquilamente en una de las muchas tumbonas allí dispuestas. El resto de la propiedad está compuesta por una cuadrícula de avenidas rectilíneas en las que se encuentran una veintena de bungalows de un piso, alineados y divididos cada uno en cuatro habitaciones. Todos construidos siguiendo un mismo modelo, están coronados por unos grandes techos redondos y llanos. Es una pena que la ausencia de vegetación pueda resultar incómoda durante los fuertes calores, y subraye la impresión de acondicionamiento monótono y sin ninguna integración en el estilo local. ¡Esperemos que los arbustos plantados cambien la situación en unos años!
Amplias e impecables, las 72 habitaciones estándar, las tres suites y los chalés del Amaryllis no son para nada típicos. En cambio, son muy funcionales y están bien iluminados gracias a las numerosas ventanas que disponen. Efectivamente, la luz entra sin problemas y se refleja en las paredes blancas inmaculadas y en los azulejos grises. Una gran cama (dura), un despacho en el rincón y muchos armarios no impiden a los clientes moverse a sus anchas por este espacio privado de 25 m² a imagen de los otros estándares. En lo que se refiere a las dos suites, se sitúan en un espacio respectivo de 50 m² y 100 m². Delante de la habitación, los huéspedes pueden disfrutar de una terraza encuadrada por arbustos bajos. Lástima que no se pueda tener intimidad. Los alojamientos están equipados con un televisor con 12 canales, una caja fuerte gratuita, climatización individual, minibar lleno y teléfono de marcación directa. En los cuartos de baño encontrarás un secador de pelo y los productos básicos de tocador. El servicio de habitaciones está asegurado las 24 horas.
Delante de la piscina del hotel, los clientes vienen a protegerse del viento y del sol y a descansar y comer en un espacio coloreado y a menudo cubierto por un gran techo. Al aire libre, el restaurante del hotel ofrece una mezcla de especialidades de Senegal e internacionales servidas en forma de buffet en el desayuno (de 7:00 a 10:00 h) y a la carta para los almuerzos (de 13:00 a 14:30) y las cenas (de 20:00 a 22:30). Los platos son dignos de aprecio. Los amantes de los buffers pueden ir también al restaurante de Les Bougainvillées. Con un mínimo de seis personas interesadas, la carnicería de delante del restaurante del Amaryllis calienta su horno para ofrecer parrilladas a la senegalesa.
La playa, muy frecuentada, es muy mona, arrinconada en una ensenada a la sombra de las palmeras, aunque es pequeña. La parte privada de Les Bougainvillées se extiende en 35 metros, pero está equipada con las comodidades necesarias: sombrillas de paja con unas pequeñas mesas incorporadas, tumbonas de madera... En la playa, se ha construido un pequeño muro de piedra calcárea de Rufisque para poder conservar la arena que el mar se va llevando desde la colocación del pontón del hotel Espadon. Las vistas son de lo más típico, con la presencia de un pueblo de pescadores en las proximidades. Encontrarás conchas y algas en la arena fina y clara, la cual no está siempre impecable, a pesar del esfuerzo realizado por las personas que trabajan en la playa. Lástima que se tengan que recorrer algunos metros desde el hotel para acceder a la orilla. En el camino del hotel a la playa, te cruzarás con comerciantes venden joyas y objetos de madera. Como por todas partes en la Pequeña Costa, el agua es turbia debido a las corrientes. A menudo se instalan algunos clubes privados para ofrecer actividades náuticas. Advertencia, es normal que en temporada baja encuentres barcos delante de la playa, lo cual normalmente está prohibido.
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