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hotel Grand Hyatt Muscat
El Hotel Grand Hyatt cuenta con una arquitectura y una decoración audaces; encantará a unos y resultará repelente para otros. Pero su conjunto, en el que se mezclan influencias neoclásicas y árabes, merece al menos una visita, sobre todo si nos agrada.
A orillas del mar, en el barrio de las embajadas, a 18 km del centro de Mascate y 18 km del aeropuerto. Se tardan 20 min en el trayecto.
Gracias a su particular arquitectura, el Grand Hyatt resulta ideal para quienes buscan un hotel que les proporcione un cambio de aires. Hace falta apreciar el mármol y los dorados para pernoctar a gusto, y aquellos a quienes atraiga la decoración recargada sabrán aprovechar bien las instalaciones de muy buena calidad que ofrece el establecimiento. La sala de fitness y las infraestructuras de relajación ofrecen un alto standing que apreciarán los asiduos de clubes deportivos selectos. Para poder sacar dinero con facilidad, existe un cajero automático en el establecimiento.
El Grand Hyatt se construyó en 1997 y recuerda al Lella Baya de Hammamet por su arquitectura exterior y al Royal Mirage de Dubai por su decoración interior. Al llegar frente a la entrada da una ligera impresión de estar frente a un castillo de un parque de atracciones. Las paredes están recubiertas de una capa que simula hileras de piedra tallada, y la cima de los edificios está almenada como las torres de los fuertes omaníes. En el interior, el visitante queda deslumbrado por los dorados de los techos artesonados, el mármol de las escaleras y el efecto de la perspectiva que se consigue con los distintos niveles. Quienes sueñan con un ambiente oriental por el que pasara Alejandro Magno se sentirán satisfechos. El resto tendrá un poco la impresión de sobrecarga estética a pesar de que el conjunto está organizado con mucha simetría. Al fondo del vestíbulo se abre un inmenso ventanal que da a la piscina tipo lago. Ésta constituye sin duda uno de los puntos fuertes del hotel. Es espaciosa y está decorada por un islote de vegetación; posee también una cascada de agua y un pequeño río artificial que puede descenderse sin esfuerzo. Los equipamientos de descanso incluyen todo lo necesario: sombrillas de lona, tumbonas de plástico, colchonetas y toallas de baño. Es una pena sin embargo que no haya césped prolongando el solárium que mira al mar.
Para tener más posibilidades de disponer de una habitación con vistas al mar, hay que pernoctar en el Grand Hyatt. En efecto, el 80% de las 280 habitaciones están orientadas hacia la playa. El resto da a la parte trasera, hacia la ciudad y las montañas. Las habitaciones son especialmente acogedoras y muy espaciosas (44 m²); están amuebladas en estilo neoclásico que evoca un poco ciertos palacios europeos. Cuentan con un magnífico baúl de madera esculpida y numerosos cojines sobre la cama que, por suerte, evocan la tradición árabe. Los cuartos de baños, revestidos de un mármol precioso, merecen una mención especial. Están equipados de ducha y de bañera, de secador de pelo y de una báscula. Hay albornoces tipo kimono disponibles, así como una cesta surtida con productos de bienvenida. El resto de las instalaciones asegura un gran confort: climatización, teléfono directo, televisión por satélite (con Euronews), minibar, caja fuerte, así como un galán de noche para colocar la ropa.
Las posibilidades de restauración son numerosas y variadas. La más rápida ?y una de las más atrayentes? es la de los bufés que se sirven para las comidas más abajo del vestíbulo y en la terraza que da a la piscina. No hay sala propiamente dicha, tan sólo un espacio con techo muy alto que no gustará nada a quienes gusten de los ambientes íntimos. Pero los platos, árabes o mediterráneos, compensan ya que proporcionan gran placer a la vista y al paladar. Si se desea almorzar a pocos metros de la tumbona, el restaurante situado al borde de la piscina ofrece un marco atractivo con su pérgola, pero la cocina que se sirve ?asiática o intercontinental? es un poco decepcionante. Finalmente, dos restaurantes a la carta permiten saborear especialidades italianas o asiáticas en un marco intimista, aunque su decoración recuerda demasiado a la de los parques de atracciones.
La playa a la que da el Grand Hyatt es la playa pública de Mascate, muy espaciosa (10 km de largo y 100 m de ancho) y poco concurrida, salvo por las noches y durante los fines de semana. Se accede a ella bajando por unas pequeñas escaleras y, a continuación, atravesando el paseo marítimo que va del barrio de las embajadas al barrio de Qorum. La playa no dispone de equipamientos instalados, pero el hotel ha dispuesto un espacio de descanso con tumbonas y sombrillas en un perímetro rodeado de setos. Aunque son bajos, estos setos reducen la vista al estar tumbados. Es mejor aprovechar las tumbonas de la piscina y no ir a la playa salvo para hacer footing o para bañarse. Atención: el desnivel es más bien escaso. Será pues necesario ir bastante lejos para poder nadar con comodidad. Pagando un suplemento es posible practicar distintos deportes náuticos: moto acuática, vela y windsurf entre otros.
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