Polinesia Tahiti Bora Bora
Polinesia Tahiti Bora Bora
Sylvain GRANDADAM
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    La gente solo conoce Tahití y Bora Bora, las dos estrellas de la Polinesia con sus extensiones de arena blanca, sus aguas cristalinas y sus hoteles sobre pilotes. Pero aunque solo se hable de estas dos, hay otras 12 islas menos conocidas y, por tanto, menos turísticas, aunque igual de bonitas. Una excursión de un día puede ser una buena alternativa para conocerlas.
    En Tahití y Bora Bora hay varios establecimientos de lujo, pero también puedes optar por un hotel más sencillo o por una habitación en una vivienda típica en cualquiera de las islas del archipiélago.
    Si eres de los que no les gusta estar quietos, aquí no te aburrirás. Tanto en invierno como en verano, playa o montaña, las opciones son múltiples: excursiones por una naturaleza grandiosa, baños en cascadas, paseos a caballo o en quad y, por supuesto, submarinismo en unos fondos marinos que parecen irreales de lo bonitos que son.
    No te puedes perder Papeete. Tiene unas casas coloniales preciosas y muchas tiendas, así como un mercado con puestos que venden productos de las distintas culturas locales, que sin duda despertará tu lado consumista.

    Los paisajes

    Tahiti, Moorea y Bora Bora son las islas altas, también conocidas como las de los viejos volcanes, hoy en día dormidos. Un escenario imponente donde se suceden las montañas corroídas, los picos y peñascos rocosos de basalto, tallados abruptamente, que surgen en medio de una vegetación siempre exuberante. Estas tres islas están rodeadas por un arrecife de coral, anillo mágico que delimita el lago y las aguas cristalinas.

    Los monumentos

    Tahití y Bora Bora han conservado elocuentes vestigios arquitectónicos, particularmente, estos lugares de culto conocidos como Maraes. El marae familiar estaba consagrado a un dios o dehesa, a la cual se le daban las gracias mediante la presentación de diferentes ofrendas. El marae comunitario, símbolo social de los miembros de una tribu, era el teatro de las ceremonias dedicadas a un dios mayor. Las maraes estaban constituidas por una explanada sagrada (tapu), en ocasiones rodeada por un muro de piedras secas, el acceso al cual estaba reservado exclusivamente a los sacerdotes y a los jefes. Sobre esta terraza, se encontraba el vasto altar ( ahu), que servía para depositar a los ídolos (en Tahití, tenía la forma de una pirámide); y un presentador de ofrendas. En el exterior del recinto, se encontraban los simplistas pequeños edificios (fare) que servían para exponer a los muertos ilustres?.mientras se protegía la piragua de Dios!