En una visita a
Malí, el viajero atento no se perderá las fiestas organizadas en homenaje a los ancestros, omnipresentes en la cultura de este territorio. En el país Dogon, el profano puede asistir a la fantástica fiesta del "sigui", en la que cada elemento tiene sentido. Para entender todas las sutilezas de este rito tan codificado, tienes que haber sido iniciado. Esa fiesta de máscaras múltiples celebra al difunto original y permite explicar a todo el mundo su vida. Durante la danza, el movimiento realizado es el del ancestro, convertido en serpiente ya que según la creencia éste no muere jamás. De ese modo la comunidad rinde homenaje al fundador (que ha revelado la palabra al hombre) y a los diversos ancestros a través suyo. Tan solo los iniciados, de sexo masculino, pueden cantar durante la ceremonia. Los que tienen entre 15 y 45 años pueden pertenecer a la sociedad de las máscaras. Cada uno realiza una máscara según sus capacidades, su fuerza y su función durante el rito. Las máscaras antílopes simbolizan la creación del mundo; las hienas, la brutalidad; la liebre, la inteligencia. La máscara de la vaca afirma la relación entre los Dogon y los animistas. El búfalo encarna la fuerza. Las gacelas representan el combate en el bosque. Otras máscaras que se pueden ver son las del bocio, la anciana del poblado, el cura, el cazador, etc. Cuatro máscaras representan mujeres para recordar que aunque ellas no puedan participar en esa fiesta, son ellas quienes integraron las máscaras en la comunidad. Por eso se las considera seres superiores a los demás. Algunas máscaras son más impresionantes que otras, como la que está elevada, que simboliza la serpiente Lebé, el ancestro Dogon. Esa gran iniciación se celebra cada 60 años. La última tuvo lugar en 1967. El pueblo Dogon espera celebrar la próxima en 2027. Sin embargo, esa fascinante ceremonia llena de colorido se representa ante los viajeros y les permite, así, volver a homenajear a los ancestros.
© Textos y fotografías: Karina Walbrecq