Aquí uno nunca se aburre ya que se encuentra en la plaza preferida por los estudiantes de Lovaina (son tres de cada diez de la ciudad). Repleta de terrazas tanto en invierno como en verano, su ambiente invita a degustar las famosas cervezas belgas (si es posible, mejor de barril) como Trappe (trapense), Duvel (un clásico), Kriek (para golosos), Hoeggarden (blanca y más suave) o directamente Stella Artois, que es la local. Y cuidado porque la leyenda dice que si se toma una cerveza en cada uno de sus bares (alrededor de 50) se acaba viendo un elefante rosa. Sin llegar a esa exageración, se puede saborear la bebida en alguno de los clásicos cafés (De Rector, Ambiorix, Den Brosser?) contemplando el coqueto entorno que nos rodea: las fachadas, que si bien recuerdan al Barroco y al Renacimiento son del siglo XX (neobarrocas y neorrenacentistas). Todo fue por un incendio que asoló hasta un tercio de la ciudad y supuso la reconstrucción de la plaza (Oude Markt) después de la Primera Guerra Mundial. Eso sí, se optó por mantener el estilo original. Aunque parezca que sólo haya bares y cafés, esta plaza que acogió en su día al Ayuntamiento de la localidad incluye un par de farmacias: la solución a más de una resaca?
Ayuntamiento de Lovaina