De entrada, la gran estatua de Bravo, el valiente amberino que, según recoge la leyenda, logró terminar con la dictadura del gigante del Escalda (Druoon Antigoon). Este último cobraba un peaje a todos los barcos que quisieran atravesar el río bajo la amenaza de cortar la mano. Bravo finalmente cortó la mano al gigante y la lanzó al mar. La majestuosa estatua que le recuerda no se sitúa en el centro del polígono irregular que es la
Grote Markt de
Amberes, pero rodearla permite apreciar la buena conjugación de estilos opuestos en la arquitectura de la plaza. En ese giro ?que hay que tomar con calma-, se aprecia la sobriedad y pureza renacentista del Ayuntamiento (obra de Cornelis Floris de Vriendt) recreada por el vivo color de las banderas ?de todos los países de la UE, Flandes y Amberes- que ondean en su fachada. También la vuelta nos deja sentir la huella del medievo en las fachadas de residencias, comercios y restaurantes que, dependiendo del clima, estarán cubiertos o luciendo sus mejores sombrillas.