Las temperaturas que registra Tignes durante la temporada de esquí hacen que muchos esquiadores renuncien a abandonar su lugar de residencia por las tardes, prescindiendo en ocasiones de salir a cenar o tomar algo. Por ende, en los
hoteles no faltan unas completas instalaciones que permiten saborear la buena mesa y ofrecerse una sesión de estética e hidroterapia. Raro es el hotel de Tignes (en especial los de tres y cuatro estrellas) que no incorpora un spa o un centro de tratamientos de belleza. Jacuzzi, sauna, duchas de todo tipo, piscina cubierta, cabinas de masaje y estética son algunos de los rincones en los que los esquiadores culminan su jornada de nieve. Para dar más encanto a la sesión de natación, algunos hoteles ubican las piscinas climatizadas en el exterior (como el hotel Village Montana, en la imagen), lo que permite darse un chapuzón a pie de unas montañas totalmente nevadas, con el espectáculo de esquí incluido. Otro capítulo bien cuidado en los hoteles es la gastronomía. Raclettes, fondues, tartiflettes y otras especialidades alpinas, además de exquisitas recetas de la cocina francesa tradicional, son los platos habituales en estos restaurantes en los que nunca falta una buena chimenea para ambientar a los comensales. Acogedores, hogareños, espaciosos (ideal para moverse con el equipo de
esquí) y elegantemente decorados en madera, casi todos los hoteles de Tignes tienen la gran ventaja de permitir al esquiador llegar «con las botas puestas» y los esquís directamente de las pistas.
Foto: M. Dalmasso ? OT Tignes