La magnífica Santorini, encaramada en la cresta de un volcán sumergido por las olas, hace palidecer a todas las ciudades del Mediterráneo por su simplicidad y su belleza. Es un auténtico remanso de paz donde todos descansan con el suave arrullo del mar como fondo. No hay un solo punto de la isla que impida contemplar cómo su gradación de azules acaba confundiéndose con el color del cielo.
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