Tamanrasset

  • Los que la conocen la llaman Tam. Una sola sílaba resume muy bien la dulzura de la vida de esta ciudad oculta en el infinito dorado del Sáhara argelino. Y los que lo abandonaron se extrañan al ver que Tamanrasset ya no es el pueblecito de ayer, "animado por 20 fuegos" como lo describe a principios de siglo el hermano Carlos de Foucauld. La ciudad y sus 70.000 almas ha sacado ventaja al árido Hoggar ...
    © Sylvain Grandadam
  • Tamanrasset es un eje ineludible para los nómadas y los tuaregs que cruzan el Sáhara.
    © Sylvain Grandadam
Gonzalo González Beneytez
Gonzalo González Beneytez Experto destino Argelia

Los que la conocen la llaman Tam. Una sola sílaba resume muy bien la dulzura de la vida de esta ciudad oculta en el infinito dorado del Sáhara argelino. Y los que lo abandonaron se extrañan al ver que Tamanrasset ya no es el pueblecito de ayer, "animado por 20 fuegos" como lo describe a principios de siglo el hermano Carlos de Foucauld. La ciudad y sus 70.000 almas ha sacado ventaja al árido Hoggar para extender el bienestar de sus habitantes gracias al procedimiento de irrigación, muy alejado del oasis originario. El primer "casco" urbano de Argelia cuando llegamos de la frontera nigerina es la capital administrativa de la región. Es, además, una reserva militar y está habitada por funcionarios y sus barrios centrales están acorazados con guarniciones.

Para el turista, Tam es, ante todo, una puerta de entrada del Tassili del Hoggar y el punto de partida de las excursiones hacia el Assekrem. Para visitar bien la ciudad se necesitan dos días. Prueba el encanto anticuado y este ambiente descuidado que se extiende por las calles a todas horas. Tam es la guarida de los Hitzit, "los que sostienen las paredes", pícara expresión que designa a los que no están activos.

Los curiosos visitarán, en medio día, la ermita del Hermano Carlos de Foucauld y "la fregata", monasterio de los Hermanos de Jesús, con líneas sobrias e impecables. Hay que contar otro medio día para pasearse por el mercado maliense y por la calle principal que lleva al mercado artesanal. No te pierdas el museo de historia natural, donde te esperan guías sonrientes y mamíferos disecados. En cuanto al alojamiento, Tam ofrece lo mínimo e indispensable. A pesar de sus tres estrellas, el único hotel de la ciudad, el Tahat (3 estrellas), no vale más que los campamentos, numerosos en la ciudad. Ducha común y colchones en el suelo. Una perfecta puesta en forma antes de un vivac en el desierto, que ha sido bautizado por los guías tuaregs "el hotel de las mil y una estrellas".

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