Publicado el 05/10/2021

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Así es Corduan, el último faro habitado de Francia designado Patrimonio Mundial de la UNESCO

Activo desde hace más de 400 años, el faro de Cordouan ha sido incluido en la última actualización de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, elevando a 49 el número de sitios franceses dotados de dicha distinción. Te invitamos a conocer algunas de las características más significativas del último faro todavía habitado del país galo y punto de entrada del estuario de Gironda, el mayor del continente europeo.

A siete kilómetros de la costa girondina, en las aguas del océano Atlántico, el faro de Cordouan apoya sus cimientos en una meseta rocosa rodeada de bancos de arena que tan solo quedan al descubierto cuando la marea está baja. Lleva más de 400 años guiando a los navegantes, y su arquitectura y su decoración interior resultan tan impresionantes que la hicieron ganarse el apodo de "el Versalles del mar", y más recientemente, su inclusión en el listado de lugares Patrimonio Mundial de la UNESCO. - © Shutterstock

Notas históricas

El Faro de Cordouan se construyó entre 1584 y 1611, lo que lo convierte en el faro francés más antiguo aún en funcionamiento. Fue encargado por Enrique III para tratar de reducir el número de naufragios que por aquel entonces había en la ruta a Burdeos a través del estuario de Gironda, y completado durante el reinado de su hijo, Enrique IV, quién lo convirtió en todo un símbolo del poder real. El proyecto le fue confiado al arquitecto Louis de Foix, quien debió asumir el desafío de construir un monumento que fuera a la vez útil y representativo de la grandeza francesa. 

Una maravilla arquitectónica

Una maravilla arquitectónica

El Faro de Cordouan es una proeza arquitectónica única tanto técnica como estéticamente. En el interior de esta poderosa torre de piedra blanca de Saintonge, nos encontramos con 301 escalones que se desarrollan a lo largo 7 pisos de estilo renacentista hasta llegar a la terraza de la linterna, que se eleva a 68 metros de altura sobre el nivel del mar. Desde aquí, el visitante podrá disfrutar de una maravillosa vista de 360° de los alrededores. Pero el Faro de Cordouan tiene mucho más que ofrecer... La aventura comienza con una travesía marítima de 45 minutos, ya que esta es la única forma de llegar al faro. Incluso antes de llegar, el exterior del monumento, adornado con acabados escultóricos a cada lado, llamarán tu atención. - © Shutterstock

Una vez en nuestro destino, se abrirá ante nosotros la "corona" del faro, un dispositivo que protege de las mareas y en dónde se encuentran estancias de los fareros, que en los dos últimos siglos vivían en nichos especiales de 3 m2 en el vestíbulo, la primera habitación del interior de la torre, en la planta baja. - © Shutterstock

La primera planta alberga el llamado piso del rey, en el que, curiosamente, nunca se ha alojado ningún rey. Está sala está adornado con majestuosas columnas y un suntuoso mobiliario, mientras que el suelo de mármol blanco y negro es una constante decorativa que se puede encontrar, con diferentes motivos, en cada planta del faro. - © Shutterstock

Otra de las características más singulares de Cordouan es que es el único faro del mundo que cuenta con una capilla, situada en el segundo piso, donde se pueden admirar los monogramas de Enrique III y Enrique IV. El suelo de mármol se hace eco de la circularidad de la cúpula, desde la que, gracias a una pequeña abertura, se filtra un tímido rayo de sol. En la tercera planta, la sala Girondini ejemplifica la increíble hazaña técnica de otro gran arquitecto francés, Joseph Teulère, que en 1786 superó el reto científico, técnico y arquitectónico de aumentar la altura de la torre. Teulère también consiguió mantener la coherencia estilística con el diseño original de Louis de Foix. Esta sala fue llamada de este modo para proteger el faro de la furia de los revolucionarios: los girondinos fueron una de las asambleas de la Revolución Francesa. - © Shutterstock

Antes de llegar a la sala de control, el palpitante corazón de las actividades de vigilancia del faro, situada en la sexta planta; pasamos por la sala de luces, en la quinta, donde se guardan las numerosas linternas que han servido de referencia a los marineros a lo largo de los años. Por último, coronando la estructura, se encuentra la sala de la linterna; en donde en 1823, el físico e ingeniero Augustin Fresnel probó su famosa lente que posteriormente sería llevada a los faros de todo el mundo. - © Shutterstock