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Aves fénix de la historia: edificios españoles que resurgieron de las llamas
Publicado el 17/04/2019

CulturaEspaña

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Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y así ha de ser. Este lunes las llamas devoraron el interior de la Catedral de Notre Dame de París, templo cumbre del estilo gótico e icono de la ciudad. Una verdadera tragedia no sólo para los católicos y parisinos, o franceses en general, sino para cualquier persona sensible, amante del arte que sepa apreciar la belleza del mundo. Notre Dame tenía mucha. Tiene y tendrá. Porque a pesar de todo, el fuego no ha podido acabar con los ojos que todo lo ven desde las alturas de la isla de Saint Louis. Ocho siglos y medio de historia son demasiados para ser reducidos a cenizas como si nada. De eso ya ha sido testigo nuestro historia, cuyo patrimonio se ha visto amenazado en numerosas ocasiones por las brasas. A veces lo ha logrado, otras no. Pero lo que está claro es que en ninguna de ellas ha vencido, pues de cada una de esas desgracias siempre hemos logrado que surja algo mejor. Para eso está la historia, para mejorarla, y es ahí precisamente donde reside la grandeza humana. Los japoneses lo llaman kintsugi, es el arte afrontar la adversidad saliendo fortalecido. Y de eso en España sabemos un rato, por eso aquí te traemos cinco ejemplos de nuestra historia que lo atestiguan, y que a buen seguro servirán de precedente sobre el futuro de gloria que le guarece a Nuestra Señora de París, que a buen seguro volverá a brillar con todo su esplendor, de eso no nos cabe duda.

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  • Catedral de León
    Catedral de León

    Corría la primavera de 1966 cuando la techumbre de la Catedral de León comenzó a arder. Un drama para el patrimonio histórico de España del que se pudo sacar una gran enseñanza que ayer, 53 años después, bien se podrían haber aplicado los franceses. Y es que en contra de lo que puede parecer cuando se habla de fuego, en un caso así, el uso de agua para sofocar las llamas es contraproducente. En sustitución, en León emplearon espuma, más ligera y por tanto, de impacto mucho menos agresivo en la estructura, ya de por sí debilitada en su lucha contra las lenguas de fuego. Gracias a esta medida, un lustro después esta joya de estilo gótico e influencia francesa, que precisamente recuerda en algunos aspectos a Notre Dame, luce hoy su mayor fulgor.

  • Alcázar de Toledo
    Alcázar de Toledo

    Esta fortificación sobre rocas, cumbre de Toledo, también ha sufrido varios episodios negros a lo largo de sus once siglos de historia. El más dañino fue el acaecido el 9 de enero de 1887. Según la crónica de la época el fuego permaneció con virulencia durante tres días y no se apagó completamente hasta pasado un mes. Nada menos. Un desastre que no dejó rastro de toda la reforma proyectada cinco años antes por el General Marqués de San Román para instalar la Academia General Militar. Justamente esa restauración surgió a raíz de otra quema en 1810, durante la invasión francesa, por la cual el edificio sufrió daños irreversibles. Fueron pocos en comparación con la ruina que podría haberse llegado a formar, ya que en aquel momento el Alcázar albergaba sendos cargamentos de pólvora que no sólo podrían haber reducido a polvo el edificio al completo, sino media ciudad consigo. Un siglo antes, durante la Guerra de Sucesión, en 1710, este Bien de Interés Cultural ya sufrió otro incendio de gran magnitud que prácticamente lo redujo a cenizas. Con tales antecedentes podemos afirmar con rotundidad que le Alcázar es todo un ejemplo de resiliencia que siempre se ha sobrepuesto a todas las adversidades, y gracias a esa persistencia hoy podemos seguir admirando esta fortaleza, nunca mejor dicho.

  • Alcázar de Madrid
    Alcázar de Madrid

    No, no nos hemos equivocado. Sabemos de sobra que la imagen que acompaña a este texto es del Palacio Real de Madrid. Y sí, procede, ya que es el resultado de la quema del anterior Alcázar de Madrid. Se produjo durante la Nochebuena de 1734 y se originó en el obrador de los pintores de Cámara, lugar en que Velázquez pintó su lienzo más famoso: Las Meninas. Precisamente, y por suerte para todos, este fue uno de los cuadros que se salvó de la quema, y de una manera bastante anecdótica, ya que fue lanzado por una ventana como si tal cosa, gesto que agradecemos a quienquiera que tuviera tan fortuita idea. No corrieron la misma suerte innumerables esculturas y muchas pinturas, de estas últimas unas 500 perecieron entre las llamas. Por el contrario sí consiguieron salvarse las joyas más emblemáticas de la Corona como la perla Peregrina y el diamante El Estanque, así como 1038 obras de arte. Cabe señalar que las malas lenguas -y quizá también las más certeras- corrían el rumor de que se tratara de un incendio intencionado y premeditado, nada menos que por orden de Felipe V. Una teoría que se fundamenta en el conocido desapego que el monarca, nacido en Versalles, sentía por el Alcázar. A ello se suma que previamente se trasladaron algunas obras de arte al palacio del Buen Retiro, y la presunta coincidente circunstancia de que la familia real no se encontrara en ese momento en la residencia, cuando tenían como costumbre celebrar allí los maitines de Nochebuena.

  • Casco antiguo de Valladolid
    Casco antiguo de Valladolid

    El 21 de septiembre de 1561 es una data trágicamente histórica en los anales de Valladolid, ya que un incendio devastó una décima parte de la ciudad. Se originó en torno a la casa del platero de la villa, Juan de Granada, y desafortunadamente el tiempo para nada ayudó, al contrario. Ese día se levantó un fuerte viento del este que varió después a suroeste. Unos vaivenes que provocaron la expansión de las llamas en todos los sentidos, e impidiendo su cese. Duró más de dos días (50 horas) y se saldó entre 3 y 6 vidas, así como el estrago de al menos 440 viviendas y de la plaza del Mercado. Un trágico domingo que cambió el curso estético de la ciudad, que ha derivado en lo que es hoy, también muy digno de ser admirado. Y en el transcurso de esta quema, fenecieron multitud de palacios y casas nobiliarias, fruto de su periodo como capital de las Españas, que había cesado hacía tan sólo unos meses, por decisión de Felipe II, que determinó trasladar la capital del imperio a Madrid, de forma definitiva. Fue precisamente por decisión de este rey por lo que en buena parte este desastre fue mitigado, lo que permitió que surgieran multitud de monumentos y de nuevos estilos a la vanguardia en aquel momento que quizá no habrían tenido cabida de otro modo, como son el barroco, o anteriormente el herreriano. Este último caracterizado por una sobriedad que se ha convertido casi en un emblema de la ciudad, y que se representa en templos la Iglesia de San Benito, que podemos ver en la imagen.

  • Casco antiguo de Santander
    Casco antiguo de Santander

    Un suceso similar al de Valladolid acaeció en Santander, pero mucho más reciente. Ocurrió el sábado 15 de febrero de 1941, en el que se levantó un fuerte viento que no presagiaba nada bueno. Y así fue. Soplaba a unos 144 km/h. y durante toda la jornada se dedicó a tumbar árboles y pequeñas embarcaciones contra el desembarcadero. Pero el plato fuerte vino de madrugada, cuando estalló un incendio en el número 20 de la calle Cádiz, que se propagó hasta la propia catedral de la ciudad. Según la Reseña Estadística de la Provincia de Santander, las llamas arrasaron 37 calles en 14 hectáreas del casco antiguo. Con ellas sucumbieron un total de 337 edificios, 1783 viviendas, 508 comercios, 155 bares y pensiones, 21 clínicas médicas y odontológicas, dos plazas y seis iglesias y conventos. 10.000 personas se quedaron sin sus hogares y en torno a 7.000 se vieron en el paro, literalmente, de la noche a la mañana. La catedral, que podemos apreciar en la imagen, quedó seriamente dañada, por lo que se reconstruyó -y de paso amplió- entre los años 1942 y 1953. Una respetuosa restauración que hoy permite contemplar en todo su apogeo las excelentes cualidades arquitectónicas del templo original.

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