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La Capital del Turismo Rural 2019 es... ¡Santillana del Mar!
Publicado el 10/06/2019 18 compartidos

CulturaEspaña

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(Redoble de tambores) Tras una apretada votación entre diez maravillosas candidatas españolas, a cada cual más bella en su estilo, finalmente, la villa española que se corona como nueva Capital del Turismo en el presente año 2019, es... ¡Santillana del Mar! La localidad cántabra ha logrado finalmente erigirse con tan honorable distinción, y nosotros te revelamos todos los detalles por lo que ha marcado la diferencia, ¿los descubre de nuestra mano?

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  • Ni santa, ni llana, ni tiene mar
    Ni santa, ni llana, ni tiene mar

    Santillana del Mar es la villa de las tres mentiras, pues como en su propio nombre mal indica, en realidad ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Y ni falta que le hace. Y es que a pesar de pertenecer a Cantabria, región costera, esta villa medieval se ubica concretamente en una hondonada que la incomunica completamente con el mar. Ello sin embargo le ha valido para erigirse con este título. No hay mal que por bien no venga... Eso mismo lo podemos aplicar también a su condición de no ser llana, y es que son precisamente todas sus callejuelas empinadas lo que le dan a Santillana del Mar esa aura tan especial más propia de otro tiempo.

  • Colegiata de Santa Juliana
    Colegiata de Santa Juliana

    A pesar de no ser santa, Santillana del Mar cuenta entre sus monumentos históricos con una magnífica colegiata, la de Santa Juliana. Es en realidad a ella que la villa debe su nombre (Sant Iuliana - Santillana). Se trata de uno de los monumentos románicos más representativos de la región. Tanto es así, que desde el 12 de marzo de 1889 está declarada como Monumento Nacional de España, y desde 2015, tras la aprobación por la Unesco del Camino de Santiago en España, incluyendo esta villa, la Colegiata de Santa Juliana fue también considerada como uno de los bienes individuales del camino costero.

  • Clautro medieval
    Clautro medieval

    La Colegiata de Santa Juliana se completa el conjunto monumental con un hermoso claustro adosado entre finales del siglo XII y principios del XIII al muro norte de la iglesia. En una primera fase se levantó el ala sur y una parte del ala oeste; y ya entrado el siglo XIII se completó esta ala y se construyó el ala norte. El lado este, sin embargo, es de época posterior (siglo XVI) y no sigue las directrices del estilo románico. Sus galerías primitivas están formadas por arcos de medio punto soportados por columnas pareadas o cuádruples. En total cuenta con 43 capiteles de los que los más antiguos, los del lado sur y primer tramo del lado oeste, son historiados con tallas de apreciable mérito, mientras que los más recientes presentan temas vegetales.

  • Casas nobiliarias
    Casas nobiliarias

    Santillana del Mar es todo un Conjunto Histórico-Artístico declarado por Decreto de 27 de julio de 1943 (BOE del 3 de agosto). Ello se debe a que su casco histórico está cuajado de un rico patrimonio inmueble compuesto en su gran mayoría por casonas nobiliarias, como son: el Palacio de Valdivieso o Casa de los Valdivieso, el Palacio de Velarde o de las Arenas, las Casas de los Quevedo y Cossío, la Casa de la Archiduquesa o de los Abades, la Casa de los Hombrones o Casa de los Villa, la Casa de los Polanco y Lasso de la Vega, el Palacio Barreda-Bracho, las Casas del Águila y la Parra, la Casa de Bustamante, la Torre de los Velarde, el Palacio de Benemejis, la Torre del Merino o La torrona, la Casa de los Villa, la Casa de los Alonso, la Casona de los Tagle y la Torre de don Borja, que alberga la Fundación Santillana. Las distinguirás por sus dimensiones y sus blasones nobiliarios en las fachadas.

  • Sus balcones cuajados de flores
    Sus balcones cuajados de flores

    Después de esa larga ristra, y aunque parezca mentira, no todo son casonas nobiliarias en Santillana del Mar. Su verdadero encanto reside en realidad en sus casitas típicas medievales. Casi todas de dos plantas, con un espacio abierto delantero y uno trasero más grande dedicado originalmente a albergar un corral. Pero sin duda lo más distintivo son sus típicas fachadas, todas provistas de balcones de forja o de madera cuajados de flores a más no caber, que colorean y destacan los tonos ocre de la piedra con que todo la villa está levantada de manera homogénea.

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