El Monte Saint-Michel: la Maravilla de Occidente que no te puedes perder
Publicado el 05/12/2018 Modificado el 06/12/2018

CulturaFrancia

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El Monte Saint-Michel es uno de los ejemplos de la más prodigiosa arquitectura medieval en Francia. Junto a su bahía, es uno de los lugares turísticos más importante del país, es Monumento Histórico desde 1862 y el primero del territorio francés en ser incluido en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1979. Pero este monte alzado en medio del Atlántico, coronado por una abadía en cuya punta brilla la figura del arcángel San Miguel, no solo te sorprenderá ya desde lejos, sino también desde sus entrañas. Descubre por qué el Monte Saint-Michel es tan único y no debes esperar más para visitarlo.

La Maravilla de Occidente

<b>La Maravilla de Occidente</b>
© Maksym Chornii

El Monte Saint-Michel, o Monte San Miguel, es una pequeña isla alzada sobre el estuario del río Couesnon e invadida por las mareas más grandes de Europa. Se sitúa en Normandía, al noroeste de Francia y debe su nombre proviene a la abadía que corona el monte, consagrada al culto del arcángel san Miguel. Pero también se conoce como La Maravilla de Occidente pues su conjunto está considerado una verdadera obra maestra de la arquitectura.

Un poco de historia

La larga historia del Monte Saint-Michel comienza en el año 708. El obispo san Auberto mandaba erigir un santuario en honor al arcángel San Miguel en la isla rocosa por entonces llamada Monte Tumba. En 966, una congregación benedictina se establece en el peñón. A partir de entonces, y durante los próximos ocho siglos, no pararon de construir. Entre las grandes edificaciones comienza a destacar la abadía, cuya primera mención redactada por un canónigo data del siglo IX. Pronto se convertía en uno de los principales lugares de peregrinación de cristianos de occidente y en centro neurálgico de la cultura medieval.

De centro de peregrinación a fortaleza

Pero además de centro cultural y de peregrinación, el Monte Saint-Michel cumplió una importante función como fortaleza durante los sucesivos conflictos de la Guerra de los Cien Años que enfrentaron a Francia e Inglaterra. El Monte logró resistir a los asaltos de la armada inglesa durante casi 30 años gracias a su muralla flanqueada por varias torres defensivas. Pero no solo eso, la particular ubicación de la isla dificultaba el acceso de los enemigos ya que esta solo era accesible por vía marítima cuando la marea era alta o por vía terrestre en los momentos de marea baja, pero el camino de arena impedía un acceso ágil y rápido.

Muralla protegiendo el Monte Saint-Michel

<b>Muralla protegiendo el Monte Saint-Michel</b>
© Anton Ivanov

De fortaleza a prisión

Una vez finalizada la Revolución francesa, se expulsan a los últimos monjes y un decreto imperial firmado en 1811 convierte la abadía en cárcel para alojar a los presos comunes y políticos, como Arman Barbès y Auguste Blanqui. Por la prisión llegaron a pasar más de 600 presos, muchos de ellos fallecían por las duras condiciones a las que eran sometidos. En 1863 fue clausurada y once años más tarde, en 1874, es declarada Monumento Histórico y se restaura.
En 1969, una pequeña comunidad de monjes benedictinos se instala en la abadía. Hoy, y desde 2001, está ocupada por las Hermandades Monásticas de Jerusalén.

Asimismo, en 1979 el Monte Saint-Michel y su bahía entran a formar parte del Patrimonio Mundial de la Unesco y en 1998 se incluye en los Caminos de Santiago de Compostela en Francia. Este doble reconocimiento evidencia el gran valor universal del monumento.

En la actualidad

A lo largo de los siglos, el monte ha ido transformándose a raíz de incendios, conflictos, derrumbes, cambios de función, reconstrucciones, etc. Por eso, hoy la abadía comprende una gran diversidad de formas arquitectónicas construidas en estilos carolingio, románico y gótico que le hacen tan única y que pone de manifiesto la destreza arquitectónica de los constructores del medievo.
No obstante, los más de trece siglos de historia, la exposición de la isla a la intemperie y el continuo flujo turístico suponen para el Monte y la abadía un desafío constante para su restauración y conservación.

Curiosidades del Monte Saint-Michel

<b>Curiosidades del Monte Saint-Michel</b>
© jakobradlgruber

Las mareas

Una gran particularidad que hace del Monte Saint-Michel un lugar único son las espectaculares mareas de la bahía que lo rodea. El mar puede alcanzar hasta 14,5 metros de altura, dos veces al día, y avanzar hasta 1 metro por segundo. Esto contribuyó en gran medida a que el monte se convirtiera en una fortaleza inexpugnable.

El dique

En 1880, se construyó un dique insumergible con el fin de ganar terreno al mar. Sin embargo, con el paso del tiempo, es el mar el que le está ganando terreno al monte. Como consecuencia de la sedimentación de arena alrededor de la fortaleza, esta va perdiendo altura y necesita un constante mantenimiento. Lo mismo ocurría con el camino para acceder al monte el cual fue demolido y sustituido por un puente-pasarela que actualmente permite el paso de las mareas y acceder a pie o en un autobús especial organizado hasta su entrada.

La gran marea que cubrió el bosque

Se cree que en tiempo de los galos, el bosque de Scissy envolvía con su frondosidad el Monte Saint-Michel, pero una gran marea, incluso se habla de un maremoto, lo anegó. Sin embargo, no existe ninguna prueba de la existencia de este bosque por lo que muchos creen que se trata simplemente de un mito.

Por qué debes visitarlo

Si el Monte Saint-Michel es la atracción turística más visitada de Normandía y una de los primeras de Francia será por algo. La isla no solo sorprende por fuera. La espectacularidad del paisaje que le rodea es más que evidente. Pero, una vez que entras no esperas encontrarte semejante belleza en tan poco espacio. Atravesar sus murallas y adentrarte en su historia, recorrer los sinuosos callejones y subir por los escalones empedrados hasta la abadía, harán que te enamores todavía más de esta gran Maravilla de Occidente.

Cuál es el mejor momento para visitarlo

<b>Cuál es el mejor momento para visitarlo</b>
© sleg211

El Monte Saint-Michel se puede visitar durante todo el año. Bien es cierto que la afluencia turística es mucho más intensa en verano, llegando a recibir por día entre 8.000 y 10.000 visitantes. Sea la época que sea, siempre se recomienda llegar unas dos horas antes de la marea alta. En la página oficial de turismo del Monte Saint-Michel publican cada año el calendario con el horario de las mareas, para que no te pierdas este espectacular fenómeno. Y si tienes la oportunidad de visitarlo también de noche aprovéchala porque la escena cambia por completo y es igual de espectacular.

Dónde comer y dónde alojarse

Dentro de la isla hay varios restaurantes de comida tradicional y para todos los bolsillos, ¡algunos de ellos con unas vistas sobrecogedoras a la bahía! Otra opción son los restaurantes ubicados fuera del monte, al otro lado de la pasarela. Lo mismo ocurre con el alojamiento. Encontrarás casas de alquiler turístico y varios hoteles dentro de la isla, aunque no es posible aparcar en las inmediaciones. Si quieres tener el coche cerca lo mejor es alejarse un par de kilómetros, junto a los restaurantes, donde una gran variedad de hoteles ofrecen alojamiento con aparcamiento que además están conectados con el Mont Saint-Michel con un servicio de autobús organizado y gratuito.

Dónde reservar mi vuelo

Si decides coger un vuelo entonces deberás reservar tu billete con destino Caen. ¡Desde nuestra página puedes hacerlo! Aunque existen varias opciones, también puedes volar a París y alquilar un coche, cuyo trayecto dura unas 3 horas y media.

Qué ver en los alrededores

El Monte Saint-Michel puede visitarse en un día. Por eso, os proponemos aprovechar el viaje para conocer también las ciudades medievales de Saint-Malo y Dinan, a 56 y 58 kilómetros de distancia de la isla respectivamente.


No dejes pasar la oportunidad de visitar el Monte Saint-Michel y sus alrededores, ¡te sorprenderás con todo lo que la fascinante región de Normandía puede ofrecerte!