La historia de la isla de Sark, el último sistema feudal de Europa
Publicado el 23/01/2019 6 compartidos

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La isla de Sark es un pequeño punto de tierra, difícil de encontrar en los mapas, situado en el Canal de la Mancha, entre Francia y Reino Unido, donde el tiempo se ha olvidado de avanzar. No existen coches, ni carreteras, ni siquiera farolas en la calle. Eso sí, es conocida por ser el mejor rincón del mundo donde poder observar las estrellas. Ha sido el último sistema feudal que ha existido, vigente hasta el 2008. Aquí os contamos la historia de esta isla

El último estado feudal de Europa

El último estado feudal de Europa
© Christopher Smith

La pequeña isla de Sark, situada en la Bailía de Guernsey, al sur del canal inglés, ha sido estado feudal durante 440 años, hasta el año 2008, cuando se celebraron las primeras elecciones democráticas. Junto con las otras islas del canal, Sark era el último resto del antiguo Ducado de Normandía todavía perteneciente a la corona británica, y el último estado feudal de Occidente.

Unas 600 personas habitan esta isla, que antes de las reformas constitucionales del año 2008 se regía por los Chiefs Pleas o el parlamento feudal, comprendido por 40 propietarios de tierras en Sark bajo el control del Seigneur.
Y es que este estado feudal era dirigido por el Señor de la isla o Seigneur desde que en 1565 Isabel I le concedió la isla al noble Hellier de Carteret a cambio de su protección contra los piratas.

Desde entonces, los Seigneurs han gobernado la roca, pagando a la corona británica una mínima cantidad (1,80 libras al año) para mantener la isla a cambio de tener el privilegio de otorgar el permiso a los propietarios de las tierras para comprar y vender sus casas, sólo si juraban lealtad a la corona y le pagaban al Seigneur una parte de la venta.

En esta isla, el tiempo parecía no avanzar, porque muchas de las leyes antiguas, en particular las relativas a la herencia y al imperio del Seigneur, no cambiaron desde que fueron promulgadas en el siglo XVI. Por ejemplo, el Seigneur conservaba el derecho exclusivo de la isla de tener palomas y pichones, y era el único que podía tener un perro no esterilizado, además de tener derechos sobre la mina del lugar.

En 2008 la población de la isla eligió democráticamente por primera vez en la historia de Sark a un parlamento de 28 miembros, poniendo fin a la dominación feudal. Se abolió el impuesto de la propiedad de los Seigneurs, aunque este no se quedaría con las manos vacías, ya que el Seigneur de Sark del momento, John Michael Beaumont, recibirá anualmente unas 28.000 libras, un beneficio que puede pasar a sus herederos para siempre. Beaumont fue el último gran señor feudal de Europa y propietario de una isla. Fue su abuela quien le cedió Sark.

Vivir en la isla

Como curiosidad, los coches están prohibidos en Sark. Los únicos vehículos permitidos son los carruajes tirados por caballos, las bicicletas, los tractores, los carros de paseo y los vehículos adaptados para personas mayores o discapacitadas.
Ni siquiera la ambulancia y el camión de bomberos tienen motor y tienen que ser remolcados por un tractor agrícola cuando hay una emergencia.

La isla cuenta con dos iglesias, dos bares, una sala de fiestas, una escuela, un policía voluntario y una cárcel con dos celdas que siempre (o casi) están vacías. Un médico voluntario presta servicio en Sark, igual que los servicios de bomberos y de rescate. Hay un par de hoteles y casas de huéspedes si alguien quiere viajar a este recóndito trozo de tierra.

Porque si algo bueno trae esta lejanía de la vida moderna que Sark lleva años arrastrando, es que es el mejor sitio del mundo donde poder contemplar las estrellas. Teniendo en cuenta que no existe contaminación y que las farolas en las calles están prohibidas, divisar el cielo desde Sark es una auténtica maravilla.

Dos intentos de cambio

Dos intentos de cambio
© Christopher Smith

En los años 90, los habitantes de Sark vivieron un curioso episodio cuando un solo hombre, André Gardes, intentó invadirla y apropiársela. Este señor, físico nuclear en paro, se plantó en la isla en solitario pero con un arma semiautomática y muchas amenazas. En un descuido, el policía voluntario de Sark consiguió detenerlo, frustrando así su intento de invasión.

Unos años después de esta curiosa historia, los propietarios del famoso periódico The Daily Telegraph, los hermanos gemelos Barclay, quisieron comprar la isla y hacer de ella un paraíso fiscal, un lugar donde evadir impuestos, intentando convencer a sus habitantes de que ellos también se beneficiarían de esto.
Querían hacer de Sark una isla moderna, llena de avances y comodidades.

Pero no fue nada fácil para estos dos hermanos, que vieron como el dinero que habían dado para comprar la isla había ido a parar directamente a los bolsillos del Seigneur de Sark en vez de a las arcas del Estado. Además, la ley de que la tierra feudal de Sark debe pasar a manos del heredero varón de mayor edad tampoco les ayudó. Fueron a los tribunales, ganaron, y quisieron acometer una serie de reformas que no gustó nada a la tranquila población de Sark.

Toda esta historia fue el germen de la primera votación democrática, para intentar blindar la isla contra todo aquel que quisiera ir a perturbar la tranquilidad de sus habitantes.


Si buscas un lugar tranquilo donde pasar unos días, sin que el ajetreo y el estrés diario te persigan, sin duda Sark es un destino perfecto para ello.