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Landshut, la joya olvidada de Baviera
Publicado el 16/02/2019 13 compartidos

CulturaAlemania

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En el estado alemán de Baviera, uno de los más visitados del país germano, se encuentra una pequeña ciudad desconocida para la mayoría pero preciosa como pocas. Entre sus estrechas calles guarda todo el esplendor de antaño sin ser un lugar abarrotado por las masas

Landshut

Landshut
© Boris Stroujko/123rf

Ya en la Edad Media se comenzó a utilizar una expresión que explica muy bien la grandeza de esta ciudad: Himmel Landshut, tausend Landshut, que significa algo así como que el cielo siga sobre Landshut otros mil años.

Y es que esta pequeña joya escondida en la Baviera alemana fue capital antes que su vecina Múnich. Si bien es cierto que a día de hoy ha quedado eclipsada por otras ciudades alemanas, visitar Landshut es una de las mejores experiencias que se pueden vivir en la región bávara.

Pisar Landshut es sentirse visitante al momento. La coqueta ciudad no está preparada para los turistas. Con sabor y acento alemán, la pureza de esta ciudad se siente en cada esquina, donde las tiendas de ropa se unen con las de comida sin un criterio fijo. Eso sí, no te olvides el diccionario si quieres sobrevivir, porque todo suele estar en alemán y pocos son los que hablan otra lengua.

Qué ver en Landshut

Qué ver en Landshut
© Boris Stroujko/123rf

La zona más auténtica de la ciudad se encuentra a la derecha del río Isar, donde comienzan las construcciones de ladrillo tan características de la zona y las casitas de colores de entramado de madera tan cuidadas que crean una postal digna de foto.

La calle principal, Alstadt, sorprende con su aspecto medieval y su ancho tamaño. Aquí se encuentran algunos de los monumentos más característicos de la ciudad, como por ejemplo el Ayuntamiento, de arquitectura renacentista que data de los siglos XIV-XV.

Justo enfrente del ayuntamiento se encuentra el Stadtresidenz, el palacio ducal del siglo XVI. Es el primer edificio de toda Alemania que se construyó siguiendo las normas del Renacimiento. En su interiro, las paredes están pintadas con escenas de la mitología y decoradas con adornos de mármol. A día de hoy alberga la Pinacoteca Estatal y Museo de la ciudad.

La Iglesia de San Martín es otro de los lugares a los que merece la pena dedicarle un tiempo, ya que cuenta con la torre de ladrillo más alta del mundo con 133 metros y que, según cuentan, mandaron los burgueses construir para poder saber qué comía el duque en su castillo, que también merece una visita, ya que es considerado como la joya de la ciudad.

Este castillo del duque, también llamado Castillo ducal Trausnitz, de estilo gótico italiano, data del siglo XVI y se eleva sobre el barrio antiguo de la ciudad. En otro tiempo fue la residencia de los Wittelsbacher. Lo que más llama la atención del castillo es su escalera de payasos, cuyas paredes están decoradas con dibujos de comedias italianas.

Un hermoso monumento arquitectónico de finales del siglo XIX es la Iglesia de Cristo, que fue construida en 1897. Actualmente la iglesia es un monumento vivo del arte renacentistas románico. Durante los años de guerra el edificio logró, milagrosamente, preservarse por completo.

Uno de los edificios históricos más bellos de Landshut es el Palacio de Etzdorf. Está ubicado en el corazón de la ciudad y es un monumento sorprendente al estilo rococó. La característica principal del edificio sigue siendo su fachada adornada. De acuerdo con los registros históricos de la ciudad, este palacio fue construido en 1745. Uno de los barones más ricos de la zona le regaló este palacio a su esposa.

La boda de Landshut

La boda de Landshut
© Christa Eder/123RF

Pero si quieres vivir en primera persona la esencia más pura de la ciudad de Landshut, visítala durante La boda de Landshut.

Cada cuatro años, en julio, se celebra el mayor festival medieval de toda Europa, conmemorando la fabulosa boda entre una princesa pocala, Eduviges Jagillón, y el duque de Baviera Jorge el Rico, que se celebró en 1475 en la Catedral, oficiada por el arzobispo de Salzburgo, y fue un evento que salió en todas las crónicas del momento. Esta boda tuvo un impacto político muy importante y al que asistieron cientos de personalidades de todos lados, ya que en la unión de ambos se veía una alianza contra el poder de los turcos otomanos.

Siglos después se ha recuperado esta celebración y los habitantes la viven con la mayor de las alegrías. En 1880, un grupo de artistas alemanes representaron escenas de la Boda de Landshut en el interior del Ayuntamiento. Unos años más tarde, en 1902, nacía una asociación local, Die Förderer, destinada a rescatar la historia a través de la representación de la Boda de Landshut. Lo hicieron por primera vez en 1903, en un evento en el que formaron parte 145 personas.

En la actualidad, más de 2.000 personas toman las calles de esta ciudad para recrear el histórico momento emulando la llegada de los novios a la boda, en cuyo desfile llamado Hochzeitsburg, hay saltimbanquis, grupos de música, halconeros, caballeros, nobles polacos, etc.

Para tener una mayor similitud con la época, tanto hombres como mujeres se dejan el pelo largo durante un año entero, para tener una apariencia más medieval. Los trajes siguen escrupulosamente con los modelos de la época, utilizando únicamente los materiales que existían en aquellos tiempos. En el banquete que se organiza se monta un gran bufete en el que se sirve solo comida de aquel siglo. La recreación histórica que se consigue es máxima.

Además de este desfile, tienen lugar representaciones escénicas en el interior del Ayuntamiento, torneos medievales o conciertos de música de la época, en diferentes puntos de la ciudad y a lo largo de las cuatro semanas de fiesta. Si bien algunos actos son gratuitos, otros como las representaciones o concierto requieren de entrada, que suelen agotarse con meses de antelación.

Según la Oficina local de Turismo, unas 500.000 personas visitan la ciudad durante el festival, en cuyas calles se respira un ambiente único.