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¿Por qué amamos la gastronomía asturiana?
Publicado el 23/11/2017

CulturaEspaña

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El viaje a Asturias está directamente ligado a un gran disfrute en la mesa. Ya sea por los productos que ofrece la tierra, su rico recetario o el buen hacer de sus fogones, pocos lugares en el mundo consiguen hacer del comer una experiencia donde participan los cinco sentidos. He aquí las razones por la que la gastronomía asturiana nos seduce lentamente en cada bocado.

El rico y sugerente patrimonio natural que conserva Asturias se ve reflejado en su gastronomía. Los excelentes productos que regala la tierra y los frescos pescados que ofrece el mar conviven en perfecta armonía en cada uno de sus platos. Platos que han permanecido en su recetario a través del tiempo, pasando de generación en generación, y que hoy consiguen transportar al comensal a una experiencia que sobrepasa la barrera de los sentidos.

Porque comer ya no solo es cuestión de llenar el estómago. La gastronomía se ha convertido en todo un arte sensorial donde los cinco sentidos son tan sumamente importantes como lo es la calidad de los alimentos. Y de eso saben mucho en Asturias. A primera vista sus platos son generosos y contundentes y a la primera cucharada son capaces de transportarnos a través de evocadores recuerdos. Sus olores, en cambio, consiguen acercarnos la intensidad y los aromas de sus mágicos ingredientes, mientras que el tacto y el oído nos permiten diferenciar las distintas temperaturas y texturas que son capaces de alcanzar.

Fabes, carnes, quesos o pescados no pueden faltar en cualquier menú asturiano que se precie. Tampoco su famosa sidrina, el caldo estrella de la región. Platos de presencia grandiosa, con sabores y texturas dignas de la mejor alta cocina española.

¿Fabada o pote?

¿Fabada o pote?
© nito500/123RF

Asturias es huerta, con la faba como reina. Este producto tan autóctono es la base principal del plato de cuchara más emblemático de la región: la fabada. La faba asturiana está amparada desde hace más de veinte años por una I.G.P. (Indicación geográfica de Procedencia), que garantiza su origen y calidad. La faba marida bien tanto con mariscos como con carnes de caza: degustar las autóctonas fabes con almejas te transportará, literalmente, a otro mundo, mientras que la original fabada asturiana compuesta por chorizo, morcilla, lacón, oreja o panceta (entre otros) conseguirá seducir hasta a los paladares más exquisitos. Un consejo: siempre sabrá mejor al día siguiente.

Otro de los platos de cuchara que forman parte de su recetario es el pote asturiano o de berzas, cuyo origen se remonta a los hogares más humildes. El objetivo era añadir a las escasas legumbres del plato otros ingredientes como las berzas, las patatas o carne. Todo era bienvenido. Aquí también tienen cabida las cebollas, los pimientos rellenos y otros platos donde se incorpora el tenedor, pero donde la excelencia de la huerta es la verdadera protagonista.

Cachopo y productos de caza

Cachopo y productos de caza
© jackf/123RF

Asturias es prado, con el cachopo como rey indiscutible. Consiste en una singular creación donde un par de filetes de ternera de generoso tamaño llevan relleno de jamón y queso. El conjunto se come frito y caliente tras ser rebozado en pan rallado y huevo y se suele servir con guarnición de patatas, pimientos o champiñones y, en ocasiones, con queso fundido por encima. Bon appétit!

Es precisamente el prado asturiano su secreto mejor guardado. Las razas autóctonas, tanto la Asturiana de los Valles como la de la Montaña, poseen una genética privilegiada basada en el aire puro que respiran y el ecosistema en el que habitan, donde se alimentan de pastos muy nutritivos y naturales. Esta vida sana se traduce, en los fogones y en la mesa, así como en multitud de recetas y preparados. No debemos olvidar que la carne de ternera asturiana tiene un reconocido prestigio y una calidad exquisita y también se presenta al amparo de la I.G.P. (Indicación Geográfica Protegida). Razones no le faltan.

En Asturias el cerdo también tiene un papel importante, pues se aprovecha casi todo para el posterior preparado de platos. Allí la matanza es uno de los rituales vinculados a la despensa gastronómica más arraigados y auténticos que aún se conservan con auge en la región. Imprescindible contemplar este proceso, al menos, una vez en la vida.

El queso, ingrediente estrella

El queso, ingrediente estrella
© josfor/123RF

Asturias se alza como la mayor mancha quesera de Europa, con más de cuarenta variedades. Encontramos desde quesos suaves y cremosos hasta fuertes y picantes, ahumados, frescos, en aceite, de pasta dura, blanda o veteada. Todo un mundo en el que destacan cuatro variedades con Denominación de Origen y que denota una cultura gastronómica muy arraigada, que se traduce en los hábitos culinarios, en los festivales de quesos o en la innovación en los fogones. ¿Nuestro favorito? El queso de cabrales, un auténtico manjar que se disfruta como entrante, como acompañamiento o condimento de algún plato principal o como postre. Amor al primer bocado.

Y si hablamos de postres, no puede faltar el arroz con leche. En esta tierra la receta cobra decenas de matices, pero una de sus señas de identidad más asturiana es el requemado de azúcar que lo recubre. Tampoco hay que olvidar el sabor de las cáscaras de limón y naranja y la rama de canela con la que se cuece la leche. Tampoco pueden faltar los los frisuelos (crêpes) y las casadiellas (empanadillas dulces rellenas de nuez, azúcar y anís). Sea como fuere, en cualquier reunión familiar o de amigos en Asturias, un buen dulce siempre será bien recibido.

Sidra como forma de vida

Sidra como forma de vida
© Turismo de Asturias

La sidra asturiana es un símbolo de identidad, muy arraigado y diferencial con otros territorios y culturas. En la región existen más de 500 tipos de manzana y de ellos se producen más de 45 millones de litros de sidra al año. Pero, ¿qué la hace tan especial? La asturiana tiene la singularidad de que es la única que usa la técnica del escanciado en el mundo. Te explicamos el proceso.

En primer lugar es necesario servir la sidra con el brazo erguido, cogiendo la botella con la mano derecha y el vaso con la izquierda, con el pulgar y el índice rodeando el vaso y el corazón al fondo. Tras adoptar esta posición, la bebida cae desde una altura considerable de forma brusca y rompe en forma de espuma al golpear con el borde del vaso. De esta manera, se asegura la oxigenación de la misma. Una vez escanciada, lo único que nos queda es degustar un culín o un trago de la misma. Nota importante: en Asturias no se bebe todo el contenido del vaso, sino que se deja un poco para limpiar por donde se ha bebido, ya que el vaso se comparte. Sin duda, todo un espectáculo lleno de técnica y tradición solo apto para valientes.

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