Publicado el 05/08/2021

#Cultura #Tailandia

Wat Sam Phran: el templo tailandés custodiado por un dragón gigante

Localizado a unos cien kilómetros al oeste de Bangkok, el templo budista de Wat Sam Phran es sin lugar a dudas uno de los más singulares de "el país de las sonrisas" por su singular arquitectura. Y es que además de la llamativa tonalidad rosa chicle que viste sus muros, la figura del imponente dragón que custodia su fachada de 80 metros y 17 pisos de altura es un auténtico espectáculo digno de contemplar.

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Son muchos los templos y construcciones religiosas que llenan las hojas de las guías de viaje de Tailandia. Sin embargo, el templo budista de Wat Sam Phran, ubicado en la localidad de Wat Sam Phran, en la provincia de Nakhon Pathom, rara vez aparece en ellas. Sin embargo, no logramos comprender bien el motivo, ya que si bien su estética nada tiene que ver con la de los templos tradicionales, su originalidad le hace merecedor de ser incluido en la hoja de ruta de cualquier viajero. Y es que el imponente dragón que protege su exterior resulta realmente impresionante.


El templo presenta una armoniosa mezcla de símbolos chinos y tailandeses. El recinto sagrado cuenta con varios pabellones y diferentes esculturas de animales del zodiaco chino, siendo la gigantesca estatua de bronce de Buda la reliquia central del mismo. 

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Aquí nada está hecho al azar. Las cinco garras de la bestia representan los cinco preceptos budistas. Antes de comenzar la oración, los fieles tailandeses tienen la costumbre de tocar las patas del dragón. La altura del templo tampoco es casualidad, pues sus ochenta metros de altura representan la edad que tenía Buda cuando murió.


La subida a la cima del templo es una auténtica expedición. Tras entrar en las entrañas de la bestia, se descubre un camino y una escalera dignos de una aventura de Indiana Jones. Este recorre literalmente todo el templo desvelando los secretos que atesora en su interior: esculturas de los signos astrológicos chinos, oraciones colgadas en las paredes del templo y diferentes grabados con motivos religiosos.

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Los que no quieran subir a este insólito templo pueden disfrutar de sus jardines y pasear por la impresionante flora tropical que lo rodea. Cuando el calor aprieta, esta zona es perfecta para refrescarse un poco además de admirar el trabajo de los monjes, que exponen sus  creaciones en el jardín de Wat Saphran.