Por último, la ciudad más grande de Nuevo México: Albuquerque. Aunque ésta tenga más de ciudad urbana, tiene mucho que ofrecer.
Lo primero que hay que hacer al pasear por las calles de Albuquerque es visitar el casco antiguo. Calles floridas, plazas coloridas y encantadoras arquitecturas hispanas en cada esquina. Los adoquines de ladrillo acentúan las fachadas de los edificios y el cielo azul intenso que reina sobre todo ello. Asimilando el ambiente o descubriendo los secretos de esta ciudad, seguro que la encontrarás encantadora.
Hablemos de actividades. La primera atracción turística que viene a la mente cuando se visita Albuquerque es el Sandia Peak Aerial Tramway, que se eleva a 10.378 pies de altura, ofreciendo una vista panorámica de la ciudad y sus alrededores. Te sorprenderá ver cómo bajan las temperaturas al llegar al Sandia Peak, pasando del calor sofocante del desierto a los frescos vientos besados por la nieve. También es una zona ideal para practicar senderismo, ya que merece la pena contemplar las vistas desde todas las direcciones de esta montaña.
Lo siguiente que hay que hacer en Albuquerque es visitar el Centro Nacional de Cultura Hispana, donde podrás conocer a fondo el patrimonio cultural de la ciudad y las influencias artísticas que han dado a la ciudad su aspecto actual. No hay que olvidar que este alguna vez fue territorio mexicano, que fue dado a Estados Unidos para saldar una deuda.
Otro establecimiento para visitar a pie es la Iglesia Parroquial de San Felipe de Neri, la primera iglesia católica romana de Albuquerque, fundada en 1706. También conocida como la "joya de la corona" de la ciudad, está situada al norte del casco antiguo, ¡y no te la puedes perder!
Por último, acabemos con la belleza. Reserve un globo aerostático para sobrevolar la ciudad al atardecer. Se trata de una de las principales atracciones de Albuquerque, por evidentes razones: